El misterio que escondería el templo Bahá’í de Sudamérica.

De todos los templos religiosos que he visitado en mi vida, pocos me han levantado tantos enigmas como la casa de adoración Bahá’í, en estas escuetas líneas trataré de exponer lo poco que se sobre sus símbolos y significado y lo mucho que me atrae develar todos sus misterios.

Enclavado en la precordillera andina y desde el punto más alto que se puede construir en la ciudad de Santiago, se encuentra el templo de adoración Bahá’í, una joya de la arquitectura contemporánea y un lugar que está abierto para todo aquel que quiera visitarlo. Como arquitecto debo admitir que desde la primera información que recibí del templo me pareció algo fascinante y a la vez intrigante, después de visitarlo mis dudas fueron solo en ascenso. Lo poco que se es lo he ido recabando por gente que participó en su construcción, como por ejemplo que todos los materiales para su construcción fueron traídos desde el extranjero, o que el terreno donde está emplazado el templo, digamos el themenos  (suelo sagrado de los templos griegos) es de 1200 metros cuadrados, que el templo tiene 9 accesos, marcados por 9 especies de membranas con formas de pétalos que cobijan el interior del templo y que su altura es de 30 metros.

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Foto de ©Nico Saieh Archidaily

Desde el punto de vista de la numerología, el número 3 para muchas religiones simboliza el número divino, la Santísima Trinidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo del cristianismo o para los egipcios la trinidad conformada por Isis, Osiris y Horus, el número 9 sería 3 veces 3, así también tiene un significado para la religión Bahá’í, asimilando la plenitud y la perfección de un Dios unificador, razón por la cual en todos sus templos repartidos en el mundo están representados por este número, además de estar presente en el símbolo de la fe Bahá’í que es una estrella de nueve puntas. Cabe mencionar que el templo construido en Chile es el último de los ocho templos madres de la religión, repartidos por todos los continentes, ya que después de este comenzará el proceso de construcion de templos a niveles nacionales y locales.

Así como el número 3 simboliza lo divino el número 4 simboliza la creación, lo que viene después de lo divino y todo lo referente a la Tierra, como el río que salía de Edén para regar el Huerto de Dios, y que fue dividido en cuatro (Génesis 2:10-14). Por ende el número 12 que lo encontramos en el themenos del templo, podría simbolizar la unión de lo divino con lo terrenal. Con referencia al río del Edén, señalar que antes de acceder al templo tenemos un gran espejo de agua que se funde en el horizonte santiaguino dándole un efecto de infinitud. El agua como símbolo de purificación para los cristianos representada en el bautismo, o en un sentido más ligado al fluir del agua y su efecto de relajación para los orientales, es aquí un símbolo de armonía que se mezcla entre la naturaleza y lo construido, entre lo humano y lo terrenal.

Una sala circular, nueve lados, nueve entradas, nueve caminos.
Permitiéndole venir al templo desde todas las direcciones.
Estos fueron los requisitos para diseñar el que sería el último templo madre de la fe del bahaismo o seguidores del profeta  Bahá’u’lláh.

El arquitecto del templo Simak Hariri mencionó que deseaba conseguir un edificio que fuera capaz de contener el concepto de la materialización de la luz, esto en su medida lo logra a través de piezas de grandes dimensiones de un material traslúcido, vidrio fundido (borosilicato) con las cuales logra la idea de “luz encarnada” y por dentro revestido con piezas únicas de piedra, de una veta muy similar al mármol (alabastro) que se extrae de una pequeña cantera de Portugal y que tiene la cualidad de dejar traspasar la luz a través del material. Todos estos elementos conjugados buscaban expresar una idea de aspiración a lo divino, razón por la cual estas piezas emergen desde la base y se unen en la cúpula como anhelando un ascender a un estado superior.

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Foto de ©Nico Saieh Archidail

 “Una oración respondida abierta en todas las direcciones

Capturando la luz del amanecer

Como una carpa blanca a la luz del dia”

Tras ascender por los infinitos escalones que nos dirigen hacia el templo llegamos a la explanada con el espejo de agua como elemento principal a la izquierda y observamos esta compleja obra de arquitectura que no se parece a nada visto antes, la sensación de recogimiento frente a tal obra de arquitectura sagrada es algo que pocos edificios contemporáneos son capaces de lograr según mi opinión.

Atravesando una de las nueve puertas nos adentramos en el edificio de materiales nobles, de espacios limpios, diáfanos, pulcros, todo parece estar en un perfecto orden. Las sillas están en dirección a un supuesto altar que no es un altar en el sentido occidental del término, o mas bien dicho desde el punto sacrificial del término, ya que para cualquier cultura el altar está más elevado del resto del templo, aunque recordemos que venimos de reccorer cientos de escalones, por ende se podría concluir que todo el templo está construido en un gran y único altar, un poco relacionándolo con la unificación que tanto hablan los escritos Bahá’í. Lo cierto es que en la fe Bahá’í no hay púlpito, no hay clero, no hay misa, por ende sus templos no necesitan un altar ni un coro ni nada que cuente una iglesia cristiana, islam o judía.

Siguiendo con el foco en el altar, más allá de que este no esté elevado sobre el pavimento, tampoco presenta una figura central, una imagen ni nada de nada, mas bien es una ventana hacia el exterior, como diciéndonos o insinuándonos “lo que nosotros adoramos no está encerrado en estas nueve paredes sino que está afuera” y no precisamente estamos hablando ni del cerro ni de la naturaleza, o al menos eso es lo que me queda a mi luego de visitarlo en más de una ocasión.

Entonces qué es eso que admiran los seguidores de Bahá’u’lláh y que está afuera del templo, pero que tenemos que estar en el templo para admirarlo. ¿Qué es eso sagrado y que unificará todas las religiones y toda la humanidad bajo un mismo Dios según los principios de sus escrituras? ¿Será acaso un Dios que no solo está fuera del templo, sino que fuera de los confines de la Tierra?

Cuando hablo de los misterios que me levanta este templo, hablo mas bien del desconocimiento que tengo -y creo tenemos- de esta religión no tan solo en Chile sino que en Sudamerica y el mundo, por eso me cuesta entender una inversión de tal envergadura en un lugar tan lejano de donde fue generada esta fe y que sobre todo no tiene una gran cantidad de fieles o seguidores en esta parte del mundo. Uno de las principales efectos del desconocimiento es la desconfianza y ante la desconfianza y el misterio pues emergen los enigmas y las tan entretenidas teorías, construir alguna de ellas será mi propósito.

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Foto de ©Nico Saieh Archidaily

Por los materiales escogidos, por la arquitectura poco convencional y por la utilización de ciertas formas en su diseño, este es sin duda el templo más “alienígena” si me permiten el término, de todos los que he visto en mi vida, y espero que mis palabras no se mal entiendan, pero soy sincero al decir que solo me faltaba ver un extraterrestre descender desde el centro de la cúpula hacia el altar del templo, o ya echemos a volar la imaginación y digamos ver entrar por cada una de las nueve puertas a diferentes representantes provenientes de distintos puntos de la galaxia para organizar un congreso interplanetario en un lugar que estaría realmente a la altura de una convención del estilo.

Y aquí viene el punto de inflexión del presente texto que sin duda dejará a más de la mitad de los lectores sin llegar hasta el punto final, y es que mi retorcida imaginación ha querido relacionar este “templo alienígena” con un acontecimiento que tiene a los ufólogos de esta parte del mundo muy ansiosos en este último tiempo y no estoy hablando del eclipse que presenciaremos en unos pocos días en el norte de Chile, sino que estoy hablando de la revelación echa por el famoso vidente, médium y divulgador del espiritismo, el brasileño Chico Xavier hace cincuenta años.

“Nuestro Señor deliberó conceder una moratoria de 50 años a la sociedad terrena iniciada el 20 de julio de 1969, y, por tanto, a terminarse en julio de 2019. El señor ordenó a sus emisarios celestes se empeñaran más directamente en el mantenimiento de la paz entre los pueblos y las naciones terrestres, con el fin de colaborar para que nosotros ingresaramos más rapidamente en la comunidad planetaria del Sistema Solar, como un mundo más regenerado, al final de ese periodo.”

 El día 20 de julio del año 1969 y después de cuatro días de su lanzamiento, el Apollo 11 alunizó en tierras jamás exploradas por el hombre. Por ende este 20 de julio se cumplen 50 años de ese acontecimiento tan importante para la humanidad y a la vez se cumple el plazo indicado por Chico Xavier para contactar con seres provinientes de otros planetas.

Cierta o no la profecía, de ser verdadera habría que estar preparados para tal evento y creo que uno de los lugares más aptos para sostener dicho encuentro, sería sin lugar a dudas el templo Bahá’í de Sudamerica, aunque quienes serían invitados a este evento, claramente lo desconozco y me cuesta incluso imaginar.  Pero sí tengo la leve intuición de que no serían ni los lideres mundiales, ni tampoco los lideres de las grandes religiones del mundo, sino que sería una selecta casta seleccionada con el más mínimo detalle y poniendo hincapié más que en su nivel de poder o reconocimiento global, en su poder espiritual o conocimiento de los libros sagrados. O por qué no, una secta o fe de conocedores de una sabiduría extraterrestre que hasta hoy se nos ha sido escondida a la mayoría de los terrícolas y esperamos tal como el templo, materializar la luz de ese conocimiento para acceder a la plenitud universal, y aspirar a la perfección de un ser divino que unifique todas las religiones y nos dirija en un nuevo rumbo no tan solo a toda la humanidad, sino que a todo el cosmos. Si bien mis aspiraciones parecen de principio bastante elevadas, no son mas que una mínima gota comparada con las grandes aspiraciones ya sea técnicas, espirituales y simbólicas, que los que crearon este maravilloso templo tuvieron a la hora de diseñarlo y construirlo. Esperemos que el tiempo sea el que revele la verdadera intención de su construcción y su verdadera finalidad.

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Rodrigo Ertti.

 

 

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