Instantes: El poema más emotivo “de Borges” / Rodrigo Ertti.

Borges es el genuino escritor del poema Instantes, así como Pierre Menard es el autor del Quijote o Italo Calvino del Orlando furioso. La única diferencia es que el argentino nunca supo que lo escribió.

El año pasado en un artículo del País, comenté que mi poema favorito de Borges era Instantes, faltaron -valga la redundancia- instantes para que se me tildara de ignorante, poco informado, inculto y un sin fin de improperios que ahora bien no recuerdo. Poco faltó para que me crucificaran por decir semejante “sacrilegio”. Todos esos lectores de Borges con seguridad han leído a Borges, pero con la misma seguridad intuyo que ninguno lo ha entendido.

Hace poco una amiga griega me contó que su padre, un connotado arquitecto de la ciudad de Salónica , tenía en su oficina el poema Moments de J.L. Borges en una versión en inglés, eso me llevó a recordar la oficina del subdirector del Liceo Lastarria, mi ex casa de estudio. Solía frecuentar la oficina del Sr. Guzmán, que era una de las pocas personas con las que se podía tener una conversación interesante en aquel “regimiento” estudiantil.

El asunto es que ahí fue la primera vez que vi el poema Instantes de Borges, el subdirector lo tenía colgado en un cuadro vidriado justo sobre su escritorio. La lectura de ese poema me llevó a razonar sobre varias cosas, pero sobre todo me acercó a un Borges lejano, difícil y aburrido (eso para un joven de 16 años). Más o menos por la misma época salió una entrevista inédita en el Le Monde Diplomatique(versión chilena), donde entrevistaban al escritor argentino en Paris o Ginebra pocos años antes de su muerte, ahí me enteré que el famoso Borges era ciego, o que había ido perdiendo la vista paulatinamente y que tenía un pasado ligado a la milicia, por su lado paterno.

En otras palabras me enteré que Borges era de tendencia política de derecha, pero con seguridad no del todo, porque de ser así, no lo hubiesen entrevistado en Le Monde (estos razonamientos los hice claramente después).

Ahora con el pasar de los años me hago la siguiente pregunta: ¿El arquitecto griego, el subdirector de mi liceo, así como tantos otros repartidos por el mundo, estaban leyendo un poema imaginario? ¿Le hubiesen tenido tanto respeto al poema de no ser de Borges? ¿Están todos ellos equivocados y la razón la tienen unos cuantos “intelectuales”, filólogos o estudiosos de Borges?

BORGES-INSTANTES

En la historia de la literatura Universal abundan los apócrifos, tanto como los anónimos, los plagios y las letras. Incluso existen míticas dudas de autorías, tales como las de Homero o Shakespeare, por nombrar a dos de los más célebres. En la joven literatura latinoamericana lo que abundan son las teleseries, las rencillas, la discusión barata y la lucha de egos. Para que decir en nuestra literatura chilena.

Pero de vez en cuando se encuentran misterios interesantes, Instantes es uno de esos casos.

Para el que quiera saber la verdadera historia del poema, o la versión de un estudioso de Borges puede leer Jorge Luis Borges, autor del poema “Instantes”, ahí el autor explica todas las publicaciones, mal entendidos, fechas, posibles autores del poema, entre ellos la norteamericana Nadine Stair de Kentucky y otro americano, un caricaturista llamado Don Harold. Este artículo es uno de los más completos y creíbles que he encontrado por internet, lo recomiendo absolutamente, para el que quiera estudiar o conocer más a fondo el “enigma” de Instantes.

Para mi el enigma no es quien escribió el poema, de hecho eso me tiene mas bien sin cuidado, lo que si me intriga es el por qué hasta el día de hoy hay gente -entre ellos yo mismo- que trata de esforzar su imaginación y creer que ese poema sí lo escribió Borges.

Analizando el poema superficialmente se verá que claramente no corresponde al argentino, de partida porque está escrito en prosa y forzado al verso, error que Borges jamás cometería. Pero el sentido de lo que ahí se escribe, la tristeza de su relato y sobre todo el final, el verso “Pero ya ven, tengo 85 años y se que me estoy muriendo” hacen alusión a que tal vez si es Borges el que lo está escribiendo. De hecho hasta me puedo imaginar su voz con la entonación del final del verso:

“y se que me estoy muriendo”.

Me puedo imaginar a Borges no como el autor como tal, sino que como un autor omnisciente que relata partes del poema en un sueño, el mismo de El sueño de Coleridge donde el poeta inglés del siglo XVIII sueña el mismo sueño que tuvo un emperador mongol del siglo XIII. El mismo Borges escribe en otro relato del libro antes mencionado una cita de Paul Valery:

“La historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras sino la Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo autor”. Y prosigue: “No era la primera vez que el Espíritu formulaba esa observación; en 1844, en el pueblo de Concord, otro de sus amanuenses había anotado: “Diríase que una sola persona ha redactado cuantos libros hay escritos en el mundo; tal unidad central hay en ellos que es innegable que son obra de un solo caballero omnisciente”

 En estas citas, como en las que siguen en el mismo texto -y como en toda la amplia obra de Borges-, se reitera esta idea del Espíritu de la literatura, un espíritu que tal como en Pentecostes desciende del cielo y se apodera de los cuerpos de los apóstoles, que con lenguas de fuego comienzan hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse (Hechos 2, 1-4).

Un espíritu que se apoderaría de todos los escritores -incluido el modesto autor que escribe estas líneas- y que hace de todos ellos un mero instrumento o especie de médium, para ir generando este Universo al cual llamamos Literatura. Como no recordar las palabras del Conde de Lautréamont , «La poesía debe ser hecha por todos», o las del poeta Mallarmé “El mundo está hecho para terminar en un hermoso libro”.

Todas alusiones de que literatura, la vida y el Hombre provienen del mismo origen, o al menos deberían buscar un origen común. Que nos une a su vez con el Aleph y la creencia que todas las imágenes del mundo se encierran en una pequeña esfera capaz de concentrar todas las realidades, todos los mundos, todas las personas. Tal vez todos los versos del Universo, caben dentro de la misma diminuta esfera o son escritos bajo la misma mano.

En conclusión, pareciera que a cualquiera de estos gigantes de la literatura, como Lautréamont, Mallarmé, Borges, Calvino y tantos otros, no les interesó jamás el verdadero autor de una obra, por lo menos no más que la obra en sí misma.

Es por eso que Instantes se debe ver -o leer- bajo el mismo parámetro. Se debe entender o estudiar como un poema que por alguna extraña razón se le quiso atribuir a Borges y que por otra extraña razón la gente hasta el día de hoy necesita o se esfuerza por creer su autoría como verídica.

O tal vez la razón no sea del todo extraña, es tal vez el equilibrio que faltaba en un Borges un tanto frío y distante de las emociones carnales, como del goce de la vida, el amor y las tragedias, según este estudio todo esto no se debía mas que a la búsqueda de Borges por la eliminación del “Yo” en el autor, para dejar a hablar a la Literatura universal.

Lo que sí es cierto es que Borges jamás se mostró visceral en su literatura, pero sí tal vez en sus entrevistas, donde en más de una ocasión confesó el no haber sido feliz. Lo que deja al menos un ápice de duda, de que el poema Instantes tal vez sí lo habría escrito Borges, tal vez en un sueño, tal vez en una página imaginaria. Imaginada por algunos de sus lectores que anhelábamos un testamento tan emocional y tan cercano, pero que Borges fue incapaz de dejarnos.

Sea cual sea la razón del misterio Instantes y su divulgación, es un poema que a tantas personas -entre ellas a mi-, nos ha ayudado a entrar en el mundo Borgiano y ya por ese solo hecho lo convierte en un poema tremendamente importante, respetable y admirado. Lo demás es historia, o literatura.

Rodrigo Ertti.

2 Comments

  1. Una enorme tontería este artículo; visceral, desinformado y puerilmente revanchista. De esta manera el redactor intenta cubrir un error garrafal que muestra que en verdad no conoce a Borges, ni su temática ni su estilo. Convengo en que ello no lo condenaría sin más a ser un ignorante de tiempo completo, ello no, pero sí el hecho de que torture el maravilloso razonamiento borgiano de la unidad de una sola literatura de la humanidad, para llegar a sugerir que el maestro se ocuparía en cantar la palinodia al final de su vida para legar a esa simpática niñería cursilona que se llama Instantes… Ese intento sí que habla mal de quién dice deslindarse de las luchas de egos en literatura… Empero, también ello es comprensible, aunque no el querer justificar la falta de importancia de una autoría apócrifa, o atribuirle esa intención a Borges con un texto que emplea burdos errores como “mínimo ápice”…
    Señor redactor, un error tan grande debe aceptarse con la certeza de que un solo error no lo define, sólo no se equivoca quien no se atreve a escribir, pero, por favor, no intente justificar su falta cometiendo otra imperdonable, la de querer implicar el maravilloso razonamiento literario de Borges en una disculpa y una disputa infantiles..
    Siga adelante, no le conozco, pero estoy seguro de que no es usted ningún ignorante. Saludos.

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    1. Estimado Sr. Torecillo, antes que nada agradecerle profundamente que se haya tomado usted el tiempo de leer mi artículo, sobre los adjetivos descalificativos por usted escritos prefiero no referirme, elijo quedarme con el fondo de su alegato. Creo que usted, o al menos sus comentarios, representan a una gran masa de seguidores de Borges y defensores de su legado, entre ellos la gran Maria Kodama, quienes se empecinan en luchar contra algo totalmente nimio, ya que parecieran querer subir la figura del gran escritor que fue Borges, a una especie de altar o templo sagrado del que nadie puede siquiera atreverse a opinar, escribir o incluso pensar. Kodama dedicó ocho años de su vida- según contó en una entrevista- a perseguir al verdadero autor, que terminó siendo autora del poema en cuestión, yo pongo al menos en duda que Borges hubiese ocupado siquiera un “instante” de su vida en semejante empresa. Lo mismo con el autor español de apellido Fernández si mal no recuerdo, contra quien Kodama impuso una demanda judicial porque según ella estaba perjudicando la obra “El hacedor” y dañando así la honra de su difunto marido.
      Si bien estamos hablando de dos temas completamente distintos, el punto central es el mismo, Borges mas que ningún escritor de la humanidad, ocupó, decodificó, hizo uso, transformó y diseñó a su antojo la Literatura de todos los tiempos, incluso puso énfasis en incontables ocasiones la importancia de las obras que leyó ante la importancia de las que escribió y la razón a mis ojos es obvia, la obra de Borges es la síntesis de la literatura occidental, es una especie de Aleph donde confluyen todos los puntos, todos los poemas, todas las filosofías, etc. Borges toma la figura del minotauro, del laberinto o del tiempo y los convierte en cuentos que tocan casi la perfección, lo mismo se podría decir de su poesía, aunque no sea tan valorada como su prosa, lamentablemente en mi opinión.
      Por otro lado, obra de Borges es tan respetada, que ningún poema o texto, por muy de mala calaña que este sea y que se le quiera atribuir como de su autoría, va a ensuciar u opacar su legado en lo más mínimo, por eso creo que esta disputa y este recelo frente a un poema que no tiene grandes pretensiones, no tiene mucho sentido.
      Como conclusión, creo que es un tema interesante de debatir, más allá del poema en cuestión, es el de ocupar la literatura, los autores, en este caso fallecidos, para generar más literatura, que es lo que hizo (o intentó) el autor español demandado por Kodama, esta especie de reciclaje literario, del cual Borges sin duda fue un maestro.
      Y le agradezco por la invitación a seguir adelante, después de todos sus descargos, lo tomé como una invitación a levantarme de mi humillante caída y seguir intentándolo, espero poder seguir adelante, de eso se trata finalmente la vida.

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