CHILE: PAIS DE TERREMOTOS, VOLCANES, POETAS Y DE ENVIDIOSOS, SOBRE TODO DE ENVIDIOSOS / Rodrigo Ertti

Había una vez una escritora inglesa que escribió un libro de fantasía que contaba las aventuras de un joven mago. El libro fue un éxito en su país y luego se expandió por todo el mundo. Aunque su libro era considerado para niños, su país la acogió y la convirtió en una figura de admiración y respeto, tal es así que la hizo protagonista en el evento más importante de Londres de los últimos tiempos, en la inauguración de los J.J.O.O.

Por la misma época había una escritora de un país lejano, que brillaba por todo el mundo, era reconocida y respetada en diferentes puntos de la Tierra, muchas personas que jamás habían escuchado hablar de su lejano país, lo habían conocido a través de sus historias. Incluso muchos de ellos soñaban con algún día viajar hacia el sur del mundo gracias a sus novelas.

Ella en cambio no sería invitada ni siquiera a la inauguración de una kermesse de mala muerte en su país. Por un solo hecho. Su país en vez de enorgullecerse se avergonzaba y renegaba de ella.

¿Qué había hecho tal escritora para ser tratada de esa forma en su país? Pues fácil: había logrado triunfar. Y cuando alguien triunfa en Chile, pues hay que cagarlo, hay que tirarle mierda encima, hay que agarrarle las patas para que no siga ascendiendo, porque si asciende mucho podría escaparse del insectario.

Caguemos a Neruda por comunista, caguemos a Huidobro por aristócrata y de pasada caguemos a la profesora de liceo y más encima lesbiana, caguemos al toro rabioso, por rabioso, caguémonos también a esa huasa que anda con su carpita dejándonos como indicietos en París. Caguémonos al cantor, no mejor no lo caguemos, cortémosle las manos para que no siga tocando su guitarra infernal. A ese pianista maricón mandémoslo lejos, a Estados Unidos o uno de esos países de poca monta, y a ese mimo que viene que se las da de director de cine, a ese pobre loco no lo caguemos, es simpático y hace reír, hagamos que se crea francés. El primer bufón francés-tocopillano del castillo de Vincennes.

Al muerto de hambre que vive en España y que alguna vez tildó a la poesía chilena de perro vagabundo, a ese tampoco le hagamos nada, es inofensivo, además le falta poco para que se muera.

¿Pero ahora que cresta hacemos? Todos se han ido, todos se tuvieron que ir por una u otra razón, ya no tenemos a quien cagarnos. Ahora entonces levantemos un gran edificio en nombre de la lesbiana, cambiémosle el nombre al aeropuerto y pongamos el de la vaca sagrada, hagamos una película de la cantora y que se conozca su voz mundialmente. Escribamos ensayos y más ensayos del muerto de hambre para que todos crean que era chileno. Total ya están muertos, ahora no provocan ni un mínimo gesto de envidia, ahora sí los podemos honrar.

La escritora chilena Isabel Allende recibió el mes pasado (29.09.2012) el premio Hans Cristian Andersen de literatura, el mismo que recibiera en su edición anterior la escritora J.K. Rowling, conocida por escribir la saga Harry Potter. Cabe destacar que no estamos hablando del pequeño Nobel o premio a la literatura infantil, también llamado premio Hans Cristian Andersen, sino de un premio que otorga la ciudad de Odense (Dinamarca), cuna del afamado escritor de historias infantiles. Pero que al igual que su homónimo se otorga a los autores de literatura de ficción, dedicada a niños o adolescentes.

También hace algunas semanas nominaron a la narradora chilena como una de las 10 vocales del patronato para presidir el instituto Cervantes de España. Esto se suma a la serie de premios y reconocimientos que continuamente le llueven a Isabel Allende, como una conferencia en TED (Ideas worth spreading) el año pasado, donde la narradora habló sobre pasión. Comparar el destino que siguen estas dos best sellers en sus respectivos países me motivó a escribir este artículo.

Aquí no deseo hablar de literatura, ni de méritos ni de premios, sólo quiero decir que de una vez por todas, no nos sigamos echando abajo entre nosotros mismos, no pido que lean a Allende, ni menos que la aplaudan, sólo pido que no la desprecien, como lo hemos hecho con todos, o con casi todos.

Lean a Vicente Huidobro, lean a Álvaro Yáñez, lean a José Donoso, pero no caguen a Sepúlveda. Lean a Enrique Lihn, lean a Diego Maquieira, lean a Rodrigo Lira, pero no caguen a Alberto Fuguet. Lean a Bolaño, lean a Alejandro Zambra, lean a Varela y Maturana, pero no caguen a Hernán Rivera Letelier.

Alguien desde las sombras me dirá pues que ya le dieron el premio Nacional de literatura a Isabel Allende, si si, como también le dieron a Bolaño el premio municipal por su libro Llamadas telefónicas. Estos dos premios literariamente hablando son dos mosquitos moribundos perdidos en el jardín del Edén. No basta con un insignificante premio municipal para decir que en un país se respeta a un autor. No basta con ponerle el nombre de un centro cultural, después que te jodieron la vida, no basta con que un insignificante aspirante a escritor como yo escriba estas líneas, si mi grito no va a salir de estas cuatro paredes.

Generaciones de escritores, poetas, pintores y de artistas, las caras fantasmales que imaginaba Bolaño mirando desde un puente hacia un precipicio sin fin. Miles de caras latinoamericanas pegando sus pálidas mejillas una junto a la otra.

Algunas de esas caras fantasmales son las que ahora alegan por educación gratis, las mismas caras de jóvenes que le piden a gritos a un país, que de una vez por todas, les den al menos una oportunidad.

No existe héroe chileno que no sea suicida, maricón o huacho, como tampoco existe el poeta que haya muerto en paz en su tierra, ni el indígena que sea respetado en su tierra de origen. Una tierra mal agradecida, infesta y maldita, que no sabe tratar bien a los suyos.

Existe una esperanza y esa esperanza está en ellas, así por lo menos pensaba el creador del surrealismo André Breton, así pensaba el líder de la banda de rock más importante de Sudamérica, así pensaba Borges cuando iba corriendo aceleradamente por las escaleras de su casa porque su madre había invitado a una hermosa chilena a cenar, cuando se pegó con la ventana, golpe que luego le provocaría la septicemia.

En la mujer chilena está la salvación, tanto en Marcela Paz como en Marta Brunet, tanto en Teresa Wilms Montt como en Marcela Parra, y tanto como en Marcela Serrano como en Isabel Allende. La única salvación está en la mujer chilena. Y no estoy hablando solamente de literatura…

Este artículo fue publicado por primera vez en octubre del año 2012.

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