Viajeros intergalácticos: un breve paseo por el universo del humor británico / Giuseppe Paganini

Para entender la admiración e incondicionalidad que producen los libros de Douglas Adams primero hay que familiarizarse con la cultura popular inglesa y con el humor de los británicos, tan particular que a veces se hace difícil de tragar para el resto del mundo.

Hace un tiempo publicamos un artículo donde diferenciábamos la envidia que existe en Chile con los artistas que sobresalen del montón con Inglaterra que se enorgullece de presentar, por ejemplo, a J.K. Rowling entre sus personalidades más importantes en la apertura de los Juegos Olímpicos realizados el año pasado. Ese es el respeto que tienen los ingleses y que deberían tener todos los países por sus productos de calidad.

Por dar un ejemplo, existe el caso de Doctor Who, una serie de ciencia ficción que lleva casi cuarenta años al aire (1963-1989/2005-presente). Este producto televisivo se encuentra incrustado en lo más profundo del imaginario colectivo británico, tanto así que la nave donde el protagonista viaja por el tiempo y el espacio, una cabina telefónica de la policía inglesa llamada TARDIS (palabra que forma parte del diccionario de Oxford) es propiedad intelectual de la BBC y no de la policía misma. Se cuentan grandes seguidores de la serie, entre ellos Tom Yorke, vocalista de Radiohead, Peter Jackson, Steven Spielberg e incluso la mismísima reina de Inglaterra. El grupo Pink Floyd usa parcialmente el tema principal de la serie en su canción One Of These Days.

Podría llenar páginas y páginas de ejemplos de referencias y homenajes a Doctor Who en la música, el cine y la televisión sobre todo inglesa, pero mejor vamos a lo nuestro.

Algo muy parecido al ejemplo anterior pasa con la obra de Douglas Adams, quien escribió una serie de libros reunidos bajo el nombre de Hitchhiker’s Guide To The Galaxy (La guía del autoestopista galáctico o La guía del viajero intergaláctico, publicada por Anagrama en español). Esta obra se originó a finales de la década de los 70 como un programa de radio estilo radioteatro, fue tal el suceso que derivó en una serie de libros, en una serie de televisión de pésima calidad (aunque muy fiel a la obra original) y finalmente en una película de producción estadounidense que fue altamente criticada por los fans de la saga, a pesar de que el guión fue escrito en parte por el mismo Adams, quien murió unos años antes de su estreno.

Ahora, después de esta extensa introducción, podemos hacernos la pregunta que me llevó a escribir este artículo:

¿Por qué esta obra logró un nivel de fanatismo tan alto y, sobre todo, por qué tanta gente cree que está sobrevalorada?

Para contestar hay que remontarse a los años en que se originó. En 1978, mientras Douglas Adams comenzaba su transmisión, el escenario de la comedia inglesa estaba liderado por los Monty Phyton, un grupo conformado entre otros por los geniales John Cleese y Terry Gilliam. Este colectivo tenía un humor realmente particular, generalmente surreal, que terminó siendo la piedra miliar de lo que hoy conocemos como “humor inglés”. Con una influencia tan fuerte Adams fue creando su mundo imaginario con el estilo de los Python como guía, con sucesos y personajes fuera de toda regla, casi siempre rayando en lo enfermizo. Con el pasar del tiempo y la salida de los libros era normal encontrar que el autor se contradecía a sí mismo en el avanzar de la historia, pero él se justificaba diciendo que se debía al constante reinventar de la historia. Así mismo hacían los Monty Python, quienes obviaban sin cuidado la estructura de sus historias, incluyendo estrambóticas animaciones en sus películas que muchas veces no tenían nada que ver con nada más o cambios de escena sin sentido que simplemente servían para sacar una carcajada al espectador.

Personalmente siempre he sido fiel al humor británico, sobre todo al de los setentas y ochentas. Después de horas viendo el Monthy Python Flying Circus, la serie de televisión del grupo homónimo, Fawlty Towers del gran John Cleese, The Black Adder y Mr. Bean de Rowan Atkinson y muchas otras, he ido aprendiendo a digerir ese tipo de humor “estúpido” tan británico. Así es como llegué finalmente a La guía del autoestopista galáctico y me devoré sus libros sin compasión.

La historia está llena de personajes únicos y entornos irreales como Marvin el androide paranoico (ojo a la canción Paranoid Android de Radiohead), un robot de servicio programado con una personalidad depresiva y fatalista, los Vogon, alienígenas burocráticos sin corazón, quienes escriben la tercera peor poesía del Universo, o el “restaurante al final del universo” que realmente no se refiere a un final físico sino que se encuentra en una burbuja temporal donde se aprecia cada noche el momento en que el universo se apaga.

doodle

Doodle dedicado a Douglas Adams por Google

La película estrenada el 2005 es un clásico ejemplo de la diferencia de comicidad entre los ingleses y los estadounidenses que generalmente velan más por el dinero a recaudar que por la calidad del producto final. Como ya había mencionado el guión corrió a cargo del mismísimo Douglas Adams, pero el dinero salía de las arcas de los productores hollywoodenses y por eso debía presentar un producto altamente rentable. De esa mezcla no podía salir nada demasiado bueno, el cambio de detalles fundamentales de la historia para crear algo más “agradable” para el público, como la doble cabeza del personaje Zaphod Beeblebrox el cual en los libros tiene dos cabezas que constantemente dialogan entre ellas, en cambio en la película la segunda cabeza se encuentra escondida. Este hecho a simple vista mínimo, crea una deficiencia en la adaptación al cine, restándole la dualidad característica al personaje de Zaphod. Detalles como este o como la odiosa historia de amor que le agregan a la película lograron hacer que los seguidores de esta obra, tan masivos e incondicionales como cualquier fan de Star Wars o Star Trek , se decepcionaran completamente de este filme.

2zaphod

Diferencia entre el Zaphod Beeblebrox del 2005 y de 1981 respectivamente

Como dato curioso, el 25 de mayo se celebra en todo el mundo el “día del orgullo friki”, también conocido como “día de la toalla” debido a que uno de los personajes principales nunca va al espacio sin una toalla. Así como en Dublín el 16 de junio se celebra el Bloomsday, en honor a Leopold Bloom, protagonista de la novela Ulyses de James Joyce.
Un caso parecido es el remake de la comedia inglesa Death at a Funeral (Un funeral de muerte) que a pesar de ser prácticamente igual a la original hablando a nivel de guión, pierde fuerza en la americanización de su producción.
En resumen, para disfrutar al 100% de la saga de La guía de viajero intergaláctico hay que tener estómago y sobre todo tiempo para entrar en el mundo de la comedia sin sentido inglesa. Sé que son muchas horas de visionado de series y lectura de libros, pero como pone en el reverso de la Guía: Don’t Panic!

Giuseppe Paganini

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