Obra de Marcelo Grez / escritos de Indibur

Conocimos la obra de Marcelo Grez a través de la fotógrafa de nuestro taller, Daniela Abatte. Nos llamó la atención la objetividad de su obra, donde la técnica, el trazado y el simbolismo de la imagen, supera o subyuga cualquier mensaje visceral que nos pudiera entregar un cuadro “normal”. La ausencia de color en la mayoría de sus primeras obras, la utilización de uno o dos colores de las útlimas, lo prolijo de sus formas, la geometría y la composición que tiene cada uno de sus diseños, hacen que la obra de Grez nos parezca ideal para echar a volar la imaginación, ya que desde una simple imagen se pueden sacar infinitos resultados.
Hay que mencionar que es un arquitecto, por esto tal vez su interés por temas relacionados por el objeto, las personas y los planos de corte, que son los tres temas de esta serie de obras que nos envió para realizar nuestro trabajo.

 

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Médula

Un día la médula espinal del arte fue extraída quirúrgicamente y escondida en un sarcófago de cristal y hormigón que luego fue lanzado en medio del mar Adriático para que nadie la pudiera encontrar jamás. Los encargados de tal labor fueron un grupo de artistas que pretendían así salvar el último embrión de arte que permanecía en estado puro. Todos pensaron que el arte sin su médula espinal pasaría por varios procesos de cambio y que al final terminaría muriendo o convirtiéndose más en una ciencia que en una disciplina. Tal como lo diría Hegel al anticipar la muerte del arte por aquella época.
El arte luego de eso se desmitificó, se instaló sobre un simple taburete, se mostró como un simple cuadrado blanco, como líneas y puntos, se geometrizó, se deconstruyó, se inmaterializó, se surrealizó, para al final desnudarse en una fría sala de un museo y desvestirse por completo con el fin de mostrarse en su estado más puro y virginal.
Hace unos pocos días atrás se le encargó la misión de recuperar la tan preciada médula espinal del arte a un grupo de artistas y científicos que serian los encargados de volver a realizar el viaje hasta el fondo del mar, para recuperar tan preciado tesoro para la humanidad.
Muchas eran las leyendas sobre como era la médula, algunos decían que era una sustancia viva compuesta de plasma y organismos unicelulares, otros en cambio afirmaban que era una especie de piedra preciosa que brillaba más que el mismo sol.
Hasta que una tarde llegó una pequeña embarcación al sitio donde había sido arrojado el sarcófago. Dos buzos se sumergieron hasta lo más profundo del mar Adriático y durante largo tiempo permanecieron en las profundidades marinas, mientras un grupo de artistas y científicos permanecían en la superficie a la espera de tan preciado hallazgo.
Una vez que aparecieron los dos buzos cargando el sarcófago que supuestamente contenía la medula espinal, lo subieron con gran esfuerzo a la pequeña embarcación.
Al abrirlo encontraron un objeto de mucho peso, una especie de escultura en fierro forjado que estaba extremadamente oxidado debido a la humedad del fondo marino. Su figura era un tanto desconcertante para todos, ya que nadie sabía muy bien que significaba esta especie de escultura abstracta poseedora de un intrigante significado.
Uno de los científicos que observaba y tocaba constantemente la supuesta médula, alcanzó a leer un mensaje que estaba escrito en letras muy pequeñas y que a causa de la humedad y del óxido apenas se alcanzaba a leer.
El mensaje decía lo siguiente: “El arte permanecerá por siempre en lo más profundo del mar” M. Duchamp.

E r t t i

 

1997 Acrilico y polvo de marmol - sobre papel

Hace tres años

Me desperté por el calor, son las ocho de la mañana, no hay nadie durmiendo a mi lado, ni siquiera recuerdo bien hace cuanto tiempo es así. Me duele mucho la cabeza, ya se está volviendo insoportable esta sensación. Busco en el tercer cajón de la cómoda, ahí he visto algunas pastillas que a veces aparecen entre la ropa, creo que algunas son para el dolor de cabeza. Los primeros dos cajones no los abro desde hace tanto tiempo que ni siquiera sé si están cerrados con llave, de hecho el primero lo está. El segundo cajón está vacío, creo que voy a empezar a usarlo, sólo tengo que decidir que meter dentro.

El trabajo fue una lata, cada día tengo menos cosas que hacer, creo que me quieren echar. La verdad es que no los culpo, hace años que dejé de ser eficiente, ahora solo me siento a esperar el fin del turno imaginando las cosas que podría hacer después de salir, cosas que no hago porque al final me voy a mi casa a convivir con mi propia miseria. El viaje en metro es eterno, miro a esos cabros chicos vestidos de negro, nunca los voy a entender. Siento que desde que me dejó la Susana ya no entiendo a nadie, ni siquiera a mi mismo.

No se si comer pollo o pescado, a ella le encantaba el pescado, odio tener que tomar decisiones. Me decido por el pollo porque ese pescado está hace mucho tiempo ahí en el congelador, no me acuerdo hace cuánto, ya no me acuerdo de nada. El tiempo pasa y yo me quedo sentado viéndolo pasar, estos últimos años han sido un desperdicio. Creo que mañana voy a salir a dar una vuelta después del trabajo, voy a llamar al Nacho para que nos vayamos a tomar una cerveza.

Lo pasé bien con el Nacho, no se acordaba desde cuando no nos veíamos, yo tampoco. Hablamos de la vida y él tenía muchas cosas que contar, se casó, tiene un hijo de un año, una casa en Providencia y un auto nuevo. Le sonreí aunque la verdad es que no me importaron mucho las cosas que me relataba. Estoy contento por él y por lo que logró, pero me duele que no haya sido yo esa persona contenta por cosas tan chicas. Me llevó en auto para mi casa, yo le insistí que me dejara ir en micro pero él no se dejó persuadir, me trata como a un hermano chico, no se si esa actitud me molesta o me hace sentir querido. Cuando llegamos al frente de mi casa me abrazó y me dijo no te desaparezcas de nuevo, es bueno verte. Lo invité a entrar a mi casa pero no lo hizo, tenía que ir a ayudar a su señora con las cosas de la casa. Crucé el jardín y me avergoncé un poco porque parece una jungla. Mañana lo voy a limpiar.

Estoy agotado, ayer me pasé toda la mañana limpiando malezas y en la tarde el Nacho me llamó para decirme que fuera a un asado en su casa, que iban todos mis viejos compañeros del colegio. Hace tiempo que no me reía tanto, siguen todos igual. Tomamos toda la tarde y en la noche el Nacho me llevó de nuevo a mi casa. Esta vez entró unos minutos para tomarnos una última cerveza. Estábamos sentados en la mesa de la cocina conversando cuando de repente me hizo una pregunta, la dijo rápido y se quedó callado como quien vomita después de un carrete y se arrepiente inmediatamente de haber tomado tanto. ¿Hace cuanto te dejó la Susana? Traté de recordar y al principio me costó calcular, pero después recordé todo, desperté de una somnolencia que había durado demasiado tiempo.

Hace tres años, nunca pensé que fuera tanto tiempo, creo que es hora de volver a vivir, le respondí. Salimos y fuimos hasta su auto, nos abrazamos y le juré que el próximo fin de semana iría a visitarlo de nuevo a su casa. Cuando se fue me puse a ordenar toda la casa, boté toda la ropa que había dejado la Susana, rompí el primer cajón de la cómoda y encontré sus cosas más íntimas, una carta que le mandé esa vez que fui a Europa, una foto de su mamá y varios papeles importantes. Boté todo a la basura. Me fui a acostar como a las cuatro de la mañana. Estoy agotado, pero feliz.

Hoy día trabajé un poco mejor que antes, no mucho la verdad. Esta vez decidí dar una vuelta por el parque antes de irme para la casa. En el metro pensaba en que iba a comer más tarde, tenía mucha hambre. Una vez en la cocina abrí el congelador y decidí comerme ese pescado.

Ahora estoy sentado al frente de un plato vacío y no me puedo mover del dolor. Empezó como un leve retorcijón y ahora siento calambres en todo el cuerpo. Ese pescado lo había comprado la Susana y yo sabía que estaba ahí desde hace demasiado tiempo, pero nunca pensé que hace tres años. Susana me hizo morir una vez y ahora me lleva de nuevo. Pienso en el Nacho y en lo triste que va a estar cuando sepa que me morí. Pienso en la familia que podríamos haber sido si la Susana no hubiera tenido ese accidente, mi hijo tendría unos dos años y los llevaría a los dos a los asados en la casa del Nacho para que conocieran a mis amigos del colegio. Ese pescado lo habríamos comido hace tres años, juntos.

Z i s s o u.

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bianco su nero

NERO SU BIANCO. In questo viaggio si materializza sempre più l’intuizione spaventosa: di quelle paure che attraggono, affascinano. E’ una decostruzione di me stessa più che una costruzione: ogni più piccola certezza, pensiero, disvela le sue infinite sfaccettature, che riproducono con sorprendente limpidezza davanti ai miei occhi tutte le sfumature del dubbio. Sfumature che si intrecciano in una tela di ragno, intangibile, inintelligibile ma fatale e perfetta. Così sento le vibrazioni dei vari fili tra le mie dita e d’istinto capisco che i fili conducono a un centro di fondo: cosa voglio? Sono davvero così integra? La certezza del dubbio. La molteplicità con tutta la sua forza si insinua in ogni mio pensiero, e il mio io vacilla, confuso. Ma si sa: le macerie sono le migliori fondamenta di cui disponiamo per costruire qualcosa di davvero solido. Per questo ho bisogno di quel simbolo marchiato per sempre attraverso il dolore. C’è un nucleo fondamentale che si trasforma e si sfuma in mille modi, ma che può costruire, mantenendosi i fili coscienti ancestralmente della sua presenza, il mondo che lo circonda a suo piacimento. La certezza-verità insita nel nucleo originario non si disvela, ed è giusto che sia così, o si trasformerebbe in un’ondata di presunzione distruttrice. E allora poniamola nero su bianco, una volta per tutte, quest’intuizione che scivola appena percettibile tra i miei pensieri ormai da diversi anni.

NEGRO SOBRE BLANCO. En este viaje se materializa siempre más la intuición espantosa: de aquellos miedos que atraen, que fascinan. Es una deconstrucción de mi misma mas que una construcción: cada pequeña certeza, pensamiento, revela sus infinitas facetas, que reproducen con sorprendente limpidez delante de mis ojos todas los matices de la duda. Matices que se entrelazan en una tela de araña, intangibles, ininteligibles pero fatales y perfectas. Así siento las vibraciones de los muchos hilos entre mis dedos y por instinto entiendo que los hilos conducen a un punto central: ¿Qué cosa quiero? ¿Soy de verdad íntegra? La certeza de la duda. La multiplicidad con toda su fuerza se insinúa en cada pensamiento, y mi Yo vacila, confundido. Pero se sabe: los escombros son los mejores fundamentos con que disponemos para construir cualquier cosa de verdad sólida. esto necesito de aquel símbolo marcado para siempre através del dolor. Hay un núcleo fundamental que se transforma y se esfuma de mil formas, pero que puede construir, manteniéndose los hilos consientes ancestralmente de su presencia, el mundo que los rodea a su gusto. La certeza-verdad incita al núcleo originario que no se revele, y es justo que sea así, o se transformaría en una oleada de presunciones destructivas. Y entonces pongámosla negro sobre blanco, de una vez por todas, esta intuición que resbala apenas perceptible entre mis pensamientos ya desde otros años.

MATY

 

LA OBRA DE MARCELO GREZ

O b j e t o s _s i n_ p e r s o n a s

 

P e r s o n a s s i n o b j e t o s

P l a n o s d e c o r t e

 

Para conocer más sobre la obra del artista visita su sutio web aqui

 

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