La estructura del poema Altazor/ Rodrigo Ertti

Luego de un siglo que el poeta Vicente Huidobro comenzara a escribir los primeros versos de una de las piezas más fundamentales del periodo de vanguardias, se desvela la verdadera estructura del poema Altazor.

Fue en una clase de taller donde por primera vez me tocó analizar el Altazor de Vicente Huidobro, el trabajo consistía en tomar partes del poema para luego traspasarlas a diagramas visuales y posteriormente a un proyecto de Arquitectura. Como estudiante de arquitectura y amante de la literatura fue uno de los proyectos que más disfruté en mis años como universitario, sobre todo porque viajamos a la casa del poeta en Cartagena con todo el taller, nos abrieron sus puertas cuando la casa aún no era museo y pudimos adentrarnos en el mundo de una de las figuras más extraordinarias y a la vez misteriosas de la literatura hispanoamericana del siglo XX.

Uno de sus tantos enigmas recala en cual sería el verdadero origen de su poema más trascendente: Altazor; desde su título hasta lo más profundo o digamos la ingeniería del poema de siete cantos. Mucho se ha especulado a lo largo del último siglo sobre cuál sería su verdadero origen, me refiero al origen de la estructura que sustenta a todo el poema.

El año 2013 tuve la oportunidad de realizar los ejercicios espirituales ignacianos en la ciudad de Bolonia Italia, estábamos en una pequeña capilla que había sido descubierta hace pocos años en el subsuelo de una casa de religiosas, los jesuitas boloñeses la habían bautizado capilla Francisco Javier (Capella Francesco Saverio)  y la habían restaurado dejándola lo más fiel posible al diseño original. En esa pequeña capilla enterrada por siglos bajo el subsuelo se me reveló en una especie de epifanía el origen de uno de los poemas más importantes de nuestra lengua en los últimos tiempos.

Recuerdo de forma nítida las palabras de Jean Paul Hernández SJ “¿Saben ustedes de dónde viene la oración más importante del cristianismo?” Pregunta a los oyentes que guardábamos absoluto silencio.

menora judio

Luego nos explicaría que la oración mas importante del cristianismo y que según el evangelio de Mateo (Mateo 6; 9-13) sería la única oración que Cristo enseñara a rezar a sus apóstoles, tiene origen en la menorá o menorah de la cultura hebrea. La menorá es un candelabro de aceite de 7 brazos forjado a golpes de martillo y bañado en oro, que según la tradición se encontraba en el tabernáculo, por eso lo convierte en uno de los símbolos más antiguos de la tradición judía y representa el arbusto en llamas que vio Moisés en el Monte del Sinaí (Libro del Éxodo, 25). Esta estructura de 7 brazos serían los cimientos del Padre Nuestro, que se podría descomponer en los siguientes elementos:

1) Cielo
2) Tu Nombre
3) Reino
4) Pan
5) Deudas
6) Tentación
7) Mal

Nótese que la composición va desde lo más alto hasta caer a lo más bajo, desde el cielo pasando por el Reino prometido luego el pan de cada día hasta llegar al inframundo o el mal, se podría hablar que representa un viaje vertical pasando desde lo divino a lo profano, una especie de Infierno dantesco condensado en su mínima expresión.

Un viaje en caída libre desde lo más alto del Universo hasta la Tierra es lo que nos muestra el prefacio de Altazor, pasando por el amor, lo mundano, lo profano, hasta llegar a la explosión del lenguaje, o digamos la profanación del lenguaje, el caos, el “mal”. Ya desde el título se nos habla de un viaje vertical, al mencionar “un viaje en paracaídas”.

De la misma forma que el Padre Nuestro se compone de siete partes, siguiendo los precedentes de la menorá, el Altazor se compone de siete partes (cantos) y un prefacio que sería la base del candelabro. El Altazor emerge en su tiempo como la máxima expresión de experimentación ya sea de la poesía como del lenguaje, o hablemos mejor de la poeisis (creación).

Necesitaría extensas líneas para expresar mi convicción de que el Altazor se funda en la oración más importante de toda la tradición cristiana, que a su vez se sustenta en uno de los símbolos más antiguos de la tradición hebrea, que de seguro tendrá su origen en alguna tradición aún más arcaica. Esto mas que un símbolo de respeto hacia la tradición cristiana por parte de Huidobro, podría tomarse como todo lo contrario, como un gesto más de rebeldía del poeta creacionista, de provocación, como el día viernes Santo que se “robó” a su adolescente enamorada Ximena Amunategui de tan solo 16 años secuestrándola para llevársela a Europa, por el que fue perseguido ya sea por los conservadores de la época, por la prensa tanto como por los hermanos Amunategui.

Altazor 01

Años más tarde cuando ya casi había olvidado tal revelación tuve la oportunidad de ver el original del Altazor que fue escrito en Paris y en idioma francés, y en el primer verso me llamó la atención lo forzado que Huidobro escribe Je suis, al inicio y al final del primer verso y entre medio habla de la edad de 33 años y del mismo Cristo. El énfasis en el primer verso de repetir Je suis (yo soy), podría confundirse en una lectura rápida con la palabra Jesús.

“Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor”.

Primeras lineas del prefacio.

Bastarían muchas más páginas y muchos más estudios para comprobar mi osada teoría, pero recordemos que Huidobro estudió en su niñez en el colegio San Ignacio de Santiago, por ende, podría perfectamente haber conocido sobre la relación entre el candelabro judío y el Padre Nuestro. Como también podríamos divisar en la palabra A l t a z o r  las palabras “A” y “Z” una especie de alfa y omega, “Yo soy el alfa y el omega” o el principio y el fin.

Sin lugar a dudas estamos hablando de uno de los poetas de vanguardia más interesantes de su época y también el que mas dio énfasis en la creación de un poema, “como un pintor crea un cuadro” menciona Huidobro en su Manifiesto creacionista, por ende, nada está al azar en su poesía ni mucho menos en su poema cumbre Altazor, desde lo más profundo de su origen o estructura hasta el último de sus versos.

Rodrigo Ertti.

 

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