¿Existió alguna vez un oasis o era mas bien un espejismo?

Una de las ciudades más bellas del mundo occidental debe su formación y soporte a una “plantación” de troncos en medio de un pantano. Venecia, la famosa ciudad de los canales está levantada en una laguna y un terreno fangoso donde no existía tierra firme, por esta razón el plan ingenieril para fundar la serenesíma se debe a la colocación de troncos de gran altura enterrados uno junto al otro en el barro para compactar la tierra y así formar los cimientos de lo que sería hasta el dia de hoy, una de las ciudades más hermosas, originales y deslumbrantes de Europa.

Podríamos entonces afirmar que esos troncos centenarios que al día de hoy después de varios siglos se petrificaron al estar bajo tierra y sin contacto con el sol, fueron por denominarlo de alguna manera una zona de sacrificio, elementos que alguna vez gozaron de vida pero que la entregaron para que sobre ellos se forjara una rica civilización en el medioevo y que perdurara hasta nuestros tiempos. El contraste de estos dos panoramas, llamemos el mundo sobre el nivel de terreno, un mundo grandioso, pomposo de grandes lujos y arquitectura exuberante y el otro mundo que quedó debajo, este mundo oscuro, petrificado y envejecido que podríamos denominar la zona de sacrificio para la existencia del otro mundo, me hizo reflexionar sobre el sistema político chileno, ese sistema que hoy por hoy está viviendo una gran crisis de la cual pocos vemos una esperanza de salida, o al menos no en el corto plazo.

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Chile por años fue el ejemplo a seguir en este lado del mundo, sus índices de crecimiento, su PIB, su reducción de la pobreza en pocas décadas, sus bajos índices de corrupción, su altilocuencia democrática, nos llamaban el jaguar de sudamerica, el autonominado “oasis de la región” en voz de su actual presidente y todo eso que hacía sacar pecho a los economistas con sus cifras, números y gráficos, estaban basados sobre unos troncos que por años estuvieron bajo la luz del sol, trabajando duro para sacar una nación adelante ¿y recibiendo a cambio qué cosa? Un sistema que los invitaba a endeudarse, y que al  no poder pagar ofrecía un castigo y una persecusión, que además no les ofrecía ningún beneficio ni servicio básico, salarios paupérrimos, pensiones por debajo del salario mínimo, nula asistencia sanitaria para sus ciudadanos y así suma y sigue.

Yo puedo entender que los que se sienten orgullosos de ese Chile despanpanante (ese que se veía sobre la superficie) en las cifras, puedan ser los economistas, porque en su reducido mundo todo se mide en esos términos, estadísticas, nada más que estadísticas, pero sinceramente no puedo entender cómo personas con un mínimo de intelecto, que se definenen o autodefinen como “intelectuales” pueden avalar este sistema. Pongo como ejemplo de esto al rector Carlos Peña, intelecuales como el señor Peña se sienten orgullosos de este sistema y de lo que se ha construido en los últimos 30 años y tratan de bajarle el perfil al estallido social creado por la gente, denominándolo como una anomia de las nuevas generaciones. Personajes como el señor Peña quedaron atrapados por el statu quo o peor aún, quedaron encerrados en su burbuja de elite o su torre de marfil y se volvieron incapaces de entender la profundidad de la crisis, que no se reduce ni a un segmento social de la población, ni mucho menos a un segmento generacional, sino que se extiene a un enorme número de la ciudadanía sin importar su edad o su condición socioecnoómica. A un intelectual de este nivel se le pide un análisis mucho más profundo que el de la estadística, es necesario bucear en la realidad mas allá de lo que el avance económico conlleva, como nuevas carreteras, rascacielos, etc, sobre todo para alguien dedicado a la filosofía.

En mi opinión la gran mayoría de los chilenos y chilenas estamos conscientes que toda esta planificación ingenieril efectuada en nuestro país y que se llevó a cabo desde los tiempos de la dictadura, pasando por diferentes gobiernos de la concentarción y que se concretó con el regreso de la derecha al poder con el primer mandato del presidente Piñera y cuyo símbolo por antonomasia es la constitución de 1980. En esta constitución están las bases de todo el modelo, por lo cual se hace imprescindible cambiarla totalmente a miras de un Chile mejor y que tenga una constitución legítima y redactada en tiempos de democracia.

El sistema neoliberal implementado a la fuerza en un país que casi una década antes había sido el primero donde el socialismo había llegado al poder por la vía democrática, este experimento de reducir al máximo el poder del Estado convirtiendolo en un Estado subsidiario, fue introducido por los famosos chicago boys y redactados en la constitución de los Señores Enrique Orúzar y Jaime Guzmán y firmada por la Junta militar. Con esto dejaban al rol del Estado sin la posibilidad de “competir” con el mercado ya que este se debía autoregular, fijar una mirada hacia una apertura desmedida a los mercados internacionales, la privatización de los servicios básicos, incluyendo bienes tan básicos como el agua, luego la repartija de las empresas públicas a un grupo cercano a los dirigentes de la época y marcando una fuerte represión que te persigue si no pagas tus deudas enviandote a Dicom, asustándote porque si caes ahí no podrás obtener trabajo, luego te embargan tus bienes y quien llega a la puerta de tu casa un carabinero, claro, porque el Estado no se puede meter a competir con los privados, pero cuando se trata de proteger los beneficios de ellos ahí sí el Estado puede y tiene que meterse. Basta ver como protegieron los mega supermercados hasta con militares.

Sin el ánimo de repetir las injusticias que ha vivido y sigue viviendo nuestra sociedad, porque ya se han repetido hasta el hastío y además lo vivimos dia a dia, solo quiero enfatizar en que este terremoto a nivel social no es más que el resultado de una planificación muy bien armada que se gestó hace bastante tiempo y donde se planificó una sociedad totalmente esclavizada, una sociedad basada en el consumismo y con el mínimo de derechos y máximo de deberes, todo para favorecer a quién, a la clase política y los grandes grupos económicos de un país que se convirtió en un verdadero motín a repartir desde tiempos de la dictadura pasando por la etapa de la concertación y llegando hasta el día de hoy.

La simple teoría que vengo a exponer con esta alegoría de la isla de Venecia, que mas de alguno de seguro la encontrará descabellada, es que esto se trató de un gran proyecto ingenieril que resultó casi tan bien como la planificación de la ciudad del norte de italia, pero cuyos objetivos eran diametralmente distintos.

Por esta razón tenemos que hacer un fuerte llamado a los verdaderos intelectuales o mas bien pensadores de este país, no de los que se encuentran encerrados en salones de universidad sacando libros sobre la crisis, no de los se reparten puestos como agragados culturales o puestos de gobierno, no de los que avalan este modelo por ignorancia, estupidez humana o conveniencia, sino que llamar a la sabiduría popular, esa misma que supo derrocar la dictadura del General Pinochet en las urnas, esa misma que volvió a creer en un presidente de izquierda, esa misma que luego eligió a la primera presidenta mujer de Sudamérica y esa misma que cuando vio que la concertación había concentrado demasiado poder le confió las riendas del país a un gobierno de derecha.

Aquellos sabios y sabias del pueblo que por experiencia, sencillez y sentido común, se encuentran arraigados en lo más profundo de nuestro pueblo, a esos llamo hoy para que saquen la voz, levanten sus puños al viento y sin partido político detrás ni respaldo mas que sus propias convicciones, saquen adelante este país, para que vuelva alguna vez a reinar la paz, la tranquilidad y sobre todo, un espíritu de buena y sana convivencia, mas que un espíritu de buen y malsano consumismo.

La belleza arquitectónica de Venecia es innegable, al igual que lo es el fuerte crecimiento económico que tuvo nuestro país estas últimas décadas, la pregunta a hacerse es si valió la pena o no la zona de sacrificio, si es que sus ciudadanos están más conformes o más felices con este modelo. Lo otro innegable es que ambas realidades comparten un horizonte similar, ya que tanto la hermosa isla de los canales como el modelo chileno tarde o temprano se van a hundir.

protesta.chile.plazaitalia.efe

Rodrigo Ertti.

 

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