Construir, habitar, pensar, en tiempos de pandemia

Las ciudades del orbe se encuentran hoy convertidas en ciudades fantasmas, sus calles están vacías para ser observadas bajo otro parámetro, otro punto de vista, vacías para ser recorridas hoy no por caminantes sino que por pensantes y nos invitan a plantearnos ciertos cuestionamientos…

En el año 1951 se celebró la conferencia Darmsträder Gesprächen, en la cual el filósofo alemán Martin Heidegger fue invitado a dar su famoso discurso Construir, habitar, pensar (Bauen, Wohnen, Denken). La conferencia se realizó en un contexto donde se estaban definiendo los criterios para la reconstrucción de una Alemania devastada por la Segunda Guerra, por esta razón entre los invitados a escuchar los diferentes coloquios, había en su mayoría arquitectos, urbanistas y personas llamadas a generar esa re-construcción, ese -re habitar, o re-pensar y cómo el oficio de la Arquitectura podía incidir en la reconstrucción de una entera nación.

Heidegger eleva estos tres conceptos llevándolos casi a un mismo plano, donde para él “construir” no era solo un medio para el fin del “habitar” del Hombre y que por ende tenían que entenderse estos tres conceptos bajo el mismo parámetro o mas bien ser capaces de llegar a su esencia. Para esto el filósofo ahonda en la etimología de estos conceptos.

Existir, habitar, cuidar y cultivar.

 “Pero, “Beuen”, “Buan”, “Bhu”, “beoes también la palabra alemana, bin(soy) en las expresiones: ich bin(yo soy) , du bist(tú eres), el imperativo bis(sé tú).Entonces, ¿qué significa ich bin? La vieja palabra bauen, a la que pertenece binnos responde: ich bin”, “du bistsignifica: yo habito, tú habitas. El modo como tú eres y yo soy, la manera según la cual son los hombres sobre la Tierra, es el Buan, el habitar. Ser hombre quiere decir: ser como mortal sobre la Tierra ; quiere decir: habitar.”

Siguiendo la línea etimológica de los diferentes conceptos asociados al habitar, Heidegger va más allá del alemán y deriva al antiguo alemán, el gótico, el sajón, el latín y el griego, todo para hacer un profundo análisis del concepto del habitar del Hombre en la Tierra.

 Habitamos no porque hayamos construido, sino que construimos y hemos construido, en cuanto habitamos, esto es, en cuanto somos habitantes.”

 Los mortales habitan en cuanto salvan la Tierra, tomada la palabra “salvar” en el antiguo sentido, que aún Lessing conocía. La salvación (“retten”) no es solamente quitar de un peligro ; salvar significa propiamente: liberar algo en su propia esencia. Salvar a la tierra es más que sacarle provecho y, con mayor razón, (algo más que) agotarla. 

Como en toda la filosofía de Heidegger, es necesario leer cada una de sus ideas y conceptos para llagar a un primer acercamiento de su entendimiento, del cual se necesitarán muchas más lecturas, re-lecturas y análisis para comprender la idea en su plenitud  (dejaremos la conferencia al final del texto con subtítulos en español) pero lo importante de esta famosa conferencia, radica en la jerarquía que da Heidegger al hecho de construir-habitar en el mundo y como el hecho de construir casas, edificios, nos tiene que llevar a una reflexión mucho más profunda, que es la de cómo queremos habitar nuestro mundo, o llevar nuestro Ser en ese mundo.

Aquí aparte del concepto ampliamente definido y analizado en su obra Ser y tiempo, lo que podemos rescatar para el oficio de la arquitectura, es que el desempeño que nuestras ciudades tengan en el sentido de construir, edificar, planificar, será el que marque el habitar de sus ciudadanos futuros y el que forjará una respectiva sociedad.

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Ejemplo de acupuntura urbana en la ciudad de NY.

En la segunda década del siglo XXI vimos como la denominada “acupuntura urbana” fue poco a poco logrando con pequeñas intervenciones en diferentes puntos del planeta, de forma paulatina, la recomposición del tejido urbano. Tenemos el emblemático caso del Time Square, donde al inicio se hizo una intervención con unos pocos quitasoles a modo de que los transeúntes ocuparan el espacio público, evento que luego se repitió y terminó quitándole pistas a la calle para darle más espacio a veredas. En nuestra ciudad de Santiago se han hecho muchas intervenciones, como el proyecto Calles compartidas, elaborado en la calle José Miguel de la Barra a pies del cerro Santa Lucía, donde por un tiempo reducido se logró restarle espacio al automóvil para devolverselo al transeunte o bien podemos  apreciar los avances que han tenido las ciclovías en la ciudad, que poco a poco le han ido ganando terreno al automóvil, o al menos creando conciencia en que tenemos que tener una ciudad más “caminable”, más “pedaleable”, pero claro, nos falta mucho para llegar al estándar de ciudades como Amsterdam por ejemplo, que llevan años adelantados en esta materia.

Todos estos proyectos que se han ido generando en diferentes lugares del mundo, han servido para ir abriendo el debate de cuál es la ciudad que queremos, desde lo más general como por ejemplo restar la jerarquía en los traslados del automóvil, herencia que el mundo recibió de Estados Unidos y los tiempos de modernidad, hasta los diferentes experimentos de ir integrando los sectores populares con los sectores más acomodados de la sociedad. Esta falta de integración que en la ciudad Latinoamericana ha tenido gran responsabilidad en la desintegración del tejido social, al ir expulsando sistematicamente a los grupos más vulnerables a la periferia, generando disgregación social y aumentando la brecha socioeconómica, ya que la diferencia ya no es solo en cuánto dinero se gana, sino que en el lugar de la ciudad donde vives y el tiempo de traslado que pierdes en tu vida para llegar a tu lugar de trabajo.

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Todo este repensar la ciudad y su habitar, se hace hoy más trascendental que nunca, en tiempos en que el mundo sufre profundas crisis, tanto hídricas, sociales, ambientales, sanitarias (pandemia) y sobre todo en momentos que un tercio del planeta se encuentra prácticamente “encerrado” en sus hogares. De esta forma se hace imperioso redefinir (casi setenta años después), el concepto que Heidegger nos invitó a indagar, a profundizar para ver cómo el Ser humano está habitando el mundo en el siglo XXI. Cabe además recordar que el filósofo hace esta conferencia después de un evento que alteró al mundo en su conjunto global como lo fue la Segunda Guerra, tal cual nos está afectando hoy la pandemia del Covid-19, que como ninguna otra ha sido capaz de propagarse por los continentes en un breve periodo de tiempo.

Muchos intelectuales están debatiendo sobre el mundo que vendrá, algunos como el artista chino Ai Weiwei, considerado el artista más influyente del planeta, aseveran que esto marcará el fin del capitalismo, otros más desconfiados como el israelí Yuval Noah Harari, autor de libros como Sapiens o 21 Lecciones para el Siglo XXI, vaticinan un mundo más vigilado y controlado, cada vez más similar a la obra de George Orwell 1984. En todo ese panorama intelectual ha faltado en cierta forma, saber cuál es la postura de los arquitectos, ya que si bien esta “guerra invisible” no ha destruido edificaciones o ciudades, sí ha puesto hincapié en la importancia y relevancia del “transitar” del Hombre sobre la Tierra. Conceptos como globalización, viajes intercontinentales, cuarentenas, aislamiento social y muchos otros, aparecen hoy en tela de juicio y se hace necesario saber cuál será el rol que tendrán los llamados a pensar las ciudades/sociedades.

Ahora que tenemos el privilegio de ver ciudades completamente vacías, donde se ven cada vez menos transeúntes y ciudadanos en sus calles, aprovechemos de tomar ese silencio urbano, esa vacuidad para hacernos las siguientes preguntas:

1- Según Heidegger, el habitar protege la esencia de lo humano. ¿Nos ayudaron nuestras ciudades a protegernos en cierta medida de esta pandemia?

2- ¿Ayudó la densidad de población, concentrada en ciudades (en comparación a la relación campo/ciudad) hoy más que nunca en la Historia de la humanidad a preservarnos o salvaguardarnos de la pandemia?

3- ¿De alguna manera se podría haber evitado con cierto tipo de urbanismo o arquitectura, el hecho de resguardar y mantener la salud de su población, por ejemplo respetando distancias o medidas mínimas?

En la incapacidad de consultarle hoy a Martin Heidegger sobre estos temas, y dado el valor de encontrar consensos en esta materia a la brevedad, creemos de suma importancia consultar la opinión de arquitectos, diseñadores,  y toda la gente interesada en la planificación de la ciudad, invitarlos a pensar y repensar en las sociedades que queremos construir y por definición habitar. Necesitamos hoy más que nunca, ser capaces de unirnos para comenzar a planificar las ciudades/naciones/mundo que queremos construir para nosotros y las próximas generaciones.

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Imagen del proyecto “Calles compartidas“, en la ciudad de Santiago.

Indibur.

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