Arte, dinero y la relación entre la familia Guggenheim y Chile

Por motivo de la cuarentena la revista de arquitectura Casabella, comenzó a publicar desde hace algunas semanas ediciones antiguas para compartirlas con todos los amantes de la arquitectura en el mundo entero, en la última edición que se publicó hace algunos días venía algo que para mi tuvo un significado muy especial, en el artículo principal de la revista titulado  Venezia il chilometro dell`arte.

Menciono que fue especial para mi, ya que se mostraban algunos museos ubicados en  un recorrido de un kilometro de distancia por la parte sur de la isla de Venecia, dos de estos museos nunca tuve la posibilidad de visitarlos, ya que a pesar de vivir en el mismo vecindario (el sestiere di Dordoduro) por aquel tiempo era un joven estudiante universitario, y al ser museos privados la entrada tenía un costo elevado y que por aquel tiempo era un lujo que no me podía permitir, si mal no recuerdo el ticket costaba sobre los 20 euros.

Uno de esos dos museos era el creado por la estrafalaria Peggy Guggenheim, la colección privada que custodiaba en su misma casa, y que poco a poco se fue transformando primero en una galería y luego de su muerte terminaría siendo un museo.  Al inicio la millonaria comenzó abriendo sus jardines los fines de semana, después en la temporada de verano regalándole una plaza a los habitantes del barrio o turistas que paseaban por el sector, teniendo la posibilidad de pasar un rato agradable bajo añosos árboles junto a esculturas de Alexander Calder, o Umberto Boccione entre otros.

La historia de Peggy Huggenheim al igual que la de toda su familia está insondablemente ligada al arte del siglo XX. Debido a la muerte de su padre a temprana edad (el señor Benjamin Guggenheim muere en el hundimiento del Titanic), Peggy recibe una cuantiosa suma de dinero a sus cortos catorce años, por ende tuvo la libertad de dedicarse a lo que ella más le apasionaba, el arte y los viajes a Europa.

En 1921 inicia sus constantes viajes a Europa y a codearse con los artistas más influyentes de la época, entre los que se encontraban Pablo Picasso, Man Ray, Marcel Duchamp (que sería su maestro y puerta de entrada al arte y las vanguardias), Jean Arp y Max Ernst, quien años mas tarde se convertiría en su segundo marido. La millonaria luego de separarse de su primer esposo entró en la encrucijada de fundar una editorial o una galería de arte, optó por la segunda ya que pensó que la primera le iba a costar demasiado dinero.

Peggy Gugenheim Venecia
La excéntrica Peggy Guggenheim y sus inseparables perros.

En los últimos años de la década de los 30´ comenzaban los roces entre Alemania y sus vecinos, y ella se encontraba viviendo en Paris, donde la gente esperaba con nerviosismo la inminente llegada de la guerra. Esto en cierta medida ayudó a que esta apasionada por el mundo del arte y ansiosa de comprar sus primeras obras para formar una colección, no le costara encontrar buenas ofertas, ofreciendo a veces sumas irrisorias por piezas de arte que luego serían invalorables, porque claro, en aquella época la prioridad para la gran mayoría era sobrevivir. Mientras los artistas iban abandonando o escapando paulatinamente de la ciudad, Peggy Guggenheim se rehusaba porque quería primero salvaguardar sus piezas de arte, pese a sentir temor por ser norteamericana y de familia judía, esperó hasta el último minuto. Dos días antes de que Hitler entrara en Paris logró regresar Estados Unidos con su colección a salvo.

En la década de 1940 abre su galería en su natal Nueva York, donde bajo su influencia comenzó a gestarse la primera corriente norteamericana de pintores de repercusión internacional, la del expresionismo abstracto. Según contaría Peggy en su vejez, el pintor Roberto Matta le aconsejó apoyar a un joven pintor norteamericano, era Jackson Pollock, que no era muy bien visto por los pintores surrealistas, excepto Matta, lo que ayudó a que la millonaria lo financiara en sus primeros trabajos y le ayudara en sus primeras exposiciones.

Entre los jóvenes artistas que se vieron beneficiados por el apoyo de la millonaria, había un joven pintor italiano de nombre Robert de Niro Sr, y sí, era el padre del afamado actor. Después de haber ayudado a la gestación de esta generación de artistas que serían la semilla del minimalismo, el pop art y las vanguardias norteameticanas, cierra su galería y se traslada el año 1946 a vivir a la hermosa ciudad de los canales. En el intertanto que buscaba una casa que cumpliera todos sus requerimientos, es invitada a participar en la Biennale di Arte di Venezia para exponer su colección. Sería una Bienal muy importante porque marcaba el regreso luego del receso de la Segunda Gran Guerra, su pabellón dedicado al arte contemporáneo sería altamente apreciado por la crítica.

Uno de los invitados ilustres que tuvo aquella Bienal, fue el presidente de la República italiana (el segundo presidente de su Historia republicana) quien fue personalmente a la inauguración de su pabellón, el señor Luigi Einaudi, padre de Giulio Einaudi, fundador de la casa editrice que lleva su nombre, editorial que sin ir mas lejos publicó los primeros libros de Italo Calvino, Cesare Pavese y Norberto Bobbio entre otros. Tal como lo pensó alguna vez una joven Peggy, la mayor contribución que podía hacer un millonario al mundo de la cultura, era al parecer por la vía de fundar una galería o una editorial.

Museo Peggy Guggenheim en Venecia
Palazzo Venier dei leoni, visto desde el Canal Grande. En el libro El palazzo inacabado de la escritora Judith Mackrell (ediciones Siruela 2019) se cuenta la vida de tres grandes mujeres que vivieron en el palacio en diferentes periodos, además de Peggy, están Luisa Casati y Doris Castlerosse, quien fuera amante de Winston Churchill y tía abuela de la modelo Cara Delevigne.

El lugar que escoge Peggy Guggenheim en Venecia para establecer su hogar, fue el palacio Venier dei leoni, llamado así porque según cuenta la leyenda, la familia Venier tenía un león en su jardín privado. Se trata de una misteriosa construcción que resalta desde el Canal Grande por su fachada en piedra de Istria, su arquitectura sobresale frente a los palacios vecinos ya que pareciera ser de estilo moderno, pese a ser una construcción del siglo XVIII, la razón: el proyecto original eran cinco plantas de las cuales solo llegó a construirse la primera debido a problemas económicos de la familia Venier.

Las tres últimas décadas de su vida las pasaría en Venecia, paseando en su góndola privada junto a sus dos perros y se convertiría en ciudadana ilustre por sus aportes al mundo del arte y los artistas emergentes. Poco antes de morir hace un viaje a Nueva York y le dona su museo con toda su colección a la fundación Guggenheim con la cláusula de que todo permaneciera en su amada Venecia.

Peggy Guggenheim era sobrina de Solomon R. Guggenheim, magnate norteamericano que es reconocido por el famoso museo que lleva su nombre. Dicha fundación es hasta hoy la encargada de custodiar  la colección que su sobrina forjara en Venecia y también es la administradora de la sede de Bilbao y las demás que existen en el mundo.

museo_guggenheim_nuevayork
El icónico edificio del arquitecto Frank Lloyd Wright en la quinta avenida.

Otro tío de Peggy, David Guggenheim (hermano de Solomon) y presidente de la Braden Copper Company por aquel entonces, sería el miembro de la familia a quien se le encargaría invertir en minas de cobre en el país sudamericano, una de sus primeras incursiones fue comprar un cerro donde se explotaba el cobre de manera casi artesanal, era el cerro de Chuiquicamata. La familia invertiría en Chuquicamata por una década y luego vendería para enfocarse en la extracción del salitre.

En el periodo que la familia estuvo relacionada con nuestro país, bajo la firma Chile Exploration, tuvo relaciones cercanas con el Estado chileno, incluso proponiéndoles la posibilidad de contar con un museo de arte moderno, ellos se ocuparían de traer las piezas de arte y el gobierno tenía que solo ocuparse del edificio, la idea lamentablemente no fructificó.

Documento de los Guggenheim
Documento que habla sobre la relación de la poderosa familia de origen judío y el Estado chileno, parte de la muestra La Fundación, del artista José Ulloa Acosta.

Lo que sí llegó a buen puerto fue una donación de 500.000 dólares (que para la época era un dineral) para que el Gobierno lo invirtiera en aeronáutica, cultura y educación, que eran las ramas donde la familia ejercía su filántropa, ese era el requisito que le ponía la familia al gobierno de Chile para que recibiera dicha donación. El resultado quizá no fue el esperado por la familia, ya que el dinero sirvió para comprar los terrenos en la zona de Cerrillos y construyendo allí el aeropuerto privado que llevaría el nombre de la localidad.

A principios de la década los 2000 el Estado chileno tuvo la idea de vender esas hectáreas y olvidarse del aeropuerto, pero la familia Guggenheim amenazó con generar una gran demanda si estos terrenos terminaban en inversiones privadas. Pasaron algunos años y el 2016 se inaugura el Centro Nacional de Arte Contemporáneo de Cerrillos, que si bien no hace ninguna alusión directa a la familia por ninguna parte, se podría entender que de alguna manera se esconde su legado desde las sombras, es cosa de visitar la página web del museo y ver que como su nombre lo indica es un centro, dedicado al arte y la investigación, tal como la idea original de la donación.

Dejamos a continuación el archivo  CB-778-  de la revista que motivó este artículo, para los que les interese conocer estas maravillas del arte y de la arquitectura, por ejemplo el segundo museo que nunca pude conocer, ubicado en la Punta della Dogana que tuviera una extraordinaria restauración del arquitecto Tadao Ando, el mandante fue el multimillonario francés Francois Pinault, actual esposo de Salma Hayek y ahí si da para escribir otro artículo.

Es increíble ver como el arte desde los tiempos de la Florencia renacentista o ya desde el mecenazgo que se se producía en época romana, ha estado siempre estrechamente ligado al mundo del poder y el dinero, ya sea por motivación de contribuir a la cultura, por limpiar el nombre de algunas familias, dejar un legado o simplemente por caprichos de millonarios, pareciera que es un matrimonio que da para largo. Al mismo tiempo no deja de ser paradójico para mi, que habiendo vivido varios años en Venecia, tuve que esperar una pandemia para que de forma gratuita me llegara una visita por la historia e imágenes de estos museos, y que luego de una noche de insomnio terminara convertido en este artículo lleno de conexiones entre los dólares y las grandes familias.

Rodrigo Ertti.

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