Sobre Maniac, Yuval Noah Harari y la datología.

En el último libro del afamado historiador israelí Yuval Noah Harari titulado 21 lecciones para el siglo XXI, el autor en su lección número 3 donde habla sobre libertad, hace referencia sobre el big data y la datologia o la religión de los datos y como esta nueva religión puede hacer caer los fundamentos del humanismo.

Hace un par de semanas el algoritmo de Netflix por primera vez me recomendaba una serie, se trataba de una serie original del gigante del streaming titulada Maniac, estrenada a fines de septiembre de este año. De inmediato recordé la alarma que enciende Harari cuando menciona que en el futuro los algoritmos conocerán más de nosotros, incluso que nosotros mismos. Pero por diversos motivos como actores, temática y el título de la serie, le di la oportunidad al algoritmo de Netflix a ver si este en verdad acertaba. Hago un pequeño paréntesis para aclarar que no soy un consumidor habitual de series, de hecho, trato de no meterme en ninguna porque considero que quita demasiado tiempo, aparte de Merlí Game of Thrones, hace algún par de años que no veo ninguna serie.

Vi el primer capítulo y lo encontré interesante visualmente, sobre todo intrigante, luego el segundo y así no paré en esa semana hasta llegar al décimo y último. En otras palabras, amé la serie.

Maniac es la historia de dos personajes, interpretados por Emma Stone (Annie Lansberg en la serie) y Jonah Hill (Owen Milgram en la serie), una drogadicta y un paranoide que por diversos motivos deciden entrar a rehabilitarse de forma voluntaria en un experimento en el cual deben estar recluidos por un tiempo, para someterse a sesiones en las cuales, bajo la inducción de nuevas drogas pasan a un plano mental manejado y monitoreado por una computadora.

Si bien en un inicio se nos confunde con el tiempo en que acontece la historia, ya que mezcla conceptos del futuro con un marcado estilo retro, luego descubrimos que el tiempo en el cual transcurre es el actual, solo que en un potencial futuro muy diverso al que vivimos hoy en día, como si los años 80 se hubieran proyectado hacia el infinito. El enigma del tiempo solo se resuelve cuando el científico creador de la máquina que supuestamente sanará a la gente nos revela el año de su nacimiento: 1977.

Este personaje del científico creador de una súper computadora llamada Gertie, es uno de los personajes más interesantes de la serie, junto a su fiel colaboradora, la doctora Azumi Fujita, una enigmática y hermosa mujer japonesa, combinado con escenas bizarras, mundos paralelos y sueños, hacen de esta serie una constante hipnosis visual que te mantiene pegado a la pantalla. Recordando tal vez otra época en la que uno pasaba horas pegado al televisor y era común tanto para niños como adultos, ahora si bien pasamos quizá más tiempo frente a una pantalla, es la de nuestro celular, nuestro computador o nuestro televisor, pero todo esto gracias a internet, no a programas televisivos envasados.

Como en estos días estoy leyendo el ultimo libro de Harari, (después de devorar sus dos últimos best Seller Sapiens de humanos a dioses Homo Deus), no puedo dejar de pensar en el miedo que siente Harari frente a lo que se están convirtiendo los datos en nuestros días, luego del capítulo de la libertad viene otro dedicado a la igualdad, con el subtitulo Quienes poseen los datos poseen el futuro, que es aún más alarmante que el anterior.

Además la serie como mencioné anteriormente, tiene reminiscencias de un futuro potencial que acontecerá o que está aconteciendo, con esta súper máquina que ha superado los limites de la IA y ha adquirido sentimientos y pensamientos humanos, tema que también aborda Harari en su libro sobre la diferencia entre inteligencia y conciencia.

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El historiador Yuval Noah Harari en una de sus conferencias internacionales.

El autor israelí ve difícil -prácticamente imposible- que eso de que las máquinas se apoderen del mundo como en tantas obras de ciencia ficción, ya que las máquinas no poseen conciencia y bastarán muchos años para que esto suceda. Eso precisamente sucede en Maniac, ya que a Gertie la máquina súper poderosa que controla las mentes de los pacientes en estas breves terapias donde leen sus ondas cerebrales, se le introducen sentimientos humanos y esto termina desatando un caos y por supuesto la trama principal de la serie.

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Escena de Maniac, sesión bajo drogas psicotrópicas que inducen a diferentes estados mentales.

Aunque para mi la trama principal de la serie es otro, y se ve reflejado en las reiteradas alusiones al Quijote, ya que se habla de la diferencia entre lo real y lo imaginario,  ¿dónde está ese límite y hasta dónde existe verdaderamente un límite? al menos dentro de nuestras mentes. Incluso al final de los diez capítulos no tenemos claro si de verdad fue ese el final o están aún alucinando en sus terapias, pero esto lo tendrán que descubrir los que vean Maniac.

Buscando otros aspectos de la serie que me llevan a pensar en el libro de Harary, están el panorama desolador que nos muestran, que acontece en un mundo paralelo, pero a la vez hodierno al nuestro, una ciudad de Nueva York fantasmal, con gente muy aislada viviendo en espacios reducidos y en con escasa interacción social. En uno los capítulos iniciales se hace referencia al arriendo de amigos, una especie de Corner shop que, en vez de llevarte productos a domicilio, te llevan un amigo con el cual puedes conversar y recordar cosas del pasado, todo a la carta del cliente.

Esto lo relaciono con algunos de los escenarios catastróficos que tiende a mostrarnos Harari cuando habla sobre el futuro de las sociedades, nos advierte por ejemplo de la perdida masiva de empleos a manos de los computadores, y que a la vez vincula el hecho de que nacerán un sinfín de empleos que ahora no podemos imaginar. El hace mención de toda la parte técnica y ética que hará falta para programar las nuevas máquinas capacitadas con IA, pero también hay que pensar en las sociedades aún más individualistas y socialmente desintegradas que vendrán, y que de seguro abrirán paso a nuevos empleos como los mostrados en esta serie, centros de sanación que ya no se basen en medicamentos sino que en experimentos con la mente o en los recuerdos y traumas de sus pacientes, o los amigos por arriendo, o las máquinas que limpian los excrementos de las calles porque ya a nadie le interesa siquiera limpiar los desperdicios generados por sus propias mascotas.

En fin, si bien espero que pasen muchas décadas antes que los datos me conozcan mejor que yo mismo, por otro lado no puedo negar la satisfacción de que un algoritmo me recomiende precisamente lo que quería ver por estos días, como si ese algoritmo supiese que me compré el libro de Harari hace un par de semanas y que justamente los temas tratados tanto en el libro como en la serie ya sea porque son temas profundamente actuales, ya sea por un esfuerzo forzado, o quizá por azar, pero que sin duda coinciden hasta el punto de hacerme dudar hasta donde los datos me están investigando en este preciso momento.

Rodrigo Ertti

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