¿En qué se parecen una iglesia, un motel y mi máquina de escribir?

En el mundo de hoy, frenético por excelencia, abundan tanto cosas como lugares donde se pueden hacer muchas actividades o cosas que sirven para realizar muchas tareas, digamos que estamos frente al antesala del multitasking, donde el lema pareciera ser: mientras me sirva para más tareas, más me va alivianar la vida. ¿Será tan así?

Pongamos como ejemplo un mall, ¿cuántas actividades se pueden hacer hoy en un mall? ya no sirve solo para ir de compras, sino que sirve para cortarse el pelo, tomar un café, cambiar dinero, ver una película, ver exposiciones, obras de teatro, etc etc. Al igual que el mall, el concepto del computador o del celular es el mismo, ¿cuántas cosas podemos hacer en estos dos dispositivos?, pues infinitas, por esto podemos pasar horas frente a estos aparatos, ya sea trabajando, aprendiendo, comunicándonos, viendo series, leyendo libros etc etc. 

En cambio, ¿qué voy a hacer a una iglesia más que a rezar? ¿o qué voy a hacer a un motel? y me pregunto: ¿hay un lugar mejor para ir a follar que un motel? ¿o un mejor lugar para ir a rezar que una iglesia? pues no, ya que son lugares donde uno va a hacer una actividad especifica, el ambiente es el propicio para hacer esa actividad, la atmósfera, todo está pensado para realizar la actividad que vamos a efectuar. Cuando me siento frente a mi máquina de escribir, solo puedo hacer una sola cosa. ¿Se imaginan que? pues obvio… escribir, nada más que escribir, como si mis manos y mi cerebro conectaran directamente con ese trozo de fierros y plástico. Na más que escribir, como nada más que rezar o nada más que …. follar.

Desde sentarme frente a ella, poner el papel en el rodillo, tocar y escuchar sus teclas, sentir sus vibraciones y disfrutar de ellas, ir viendo el resultado de lo que voy pensando va quedando impregnado en el papel, es un verdadero ritual de principio a fin, sin distracciones, sin notificaciones, solo estamos mi máquina y yo, tal cual una pareja que recién se conoce esta frente a un motel, ambos saben a lo que van.

Cada vez son menos los lugares, como también los objetos, que son diseñados para ejecutar una sola acción, pareciera que vivimos en un mundo donde la maximización de todo es la que lleva la batuta, nosotros mismos nos hemo ido convirtiendo en personas multitasking, ya que realizamos diferentes tareas no solo durante el dia sino que al mismo tiempo, la pregunta es si pensamos que lo hacemos mejor o no de esta manera, yo en lo personal creo que no, ya que nos hace más dispersos y a la vez menos conscientes de cada acción que realizamos.

Es importante recordar que el ser humano es un ser analógico, no digital, sentimos y percibimos el mundo a través de nuestros sentidos, no somos seres digitales originados en un universo de 0 y 1, por esta razón creo y prefiero aferrarme al mundo del ayer, un mundo de ritos, de significados y simbolismos, no de interpretaciones o sucedáneos como vemos en el mundo de hoy. Un libro es un libro en mi mundo, tiene hojas, portada, lo mismo un disco, que es de acetato y lo pongo en mi tocadiscos para escuchar su hermoso sonido, sonido por cierto analógico que se provoca al entrar en contacto la aguja con los surcos del vinilo.

No dejemos que el mundo digital que nos rodea y que nosotros mismos hemos creado, nos termine gobernando, que nos aprisione en una pantalla, lo más bello está allá afuera, esperando que lo sintamos con nuestros sentidos, no solo que lo veamos con nuestros ojos a través de las pantallas, sino que toquemos, sintamos su olor, su gusto, su sonido, porque el riesgo es grande y creo además muy peligroso, el de terminar alienados por un mundo digital, virtual, etéreo y efímero.

Muchos me tildarán de retrógrada, pero si nos ponemos a pensar a quién le conviene que el mundo de hoy sea de esta manera, nos daremos cuenta en pocos segundos que no precisamente a nosotros, sino que al mundo de la industrialización, los servicios, los datos y todo aquello que se asocie a maximizar costos, números, transacciones. En pocas palabras al mismo mundo que ha ido generando y degradando la educación en nuestras naciones, donde se van eliminando las artes, la filosofía, la historia, la ética y todo aquello que nos ayude a reflexionar y entender el mundo que nos rodea.

No dejemos que estos lugares o cosas vayan desapareciendo para dar paso a “lugares y cosas multitasking”, es demasiado importante preservar estos espacios del pasado que fueron creados para la comunidad, ya sea de muchos fieles reunidos o dos personas, pero siempre valorando la interacción de los individuos de forma física, precisamente todo lo contrario a lo que hacen ya sea los espacios como objetos multitasking de hoy, donde se ve gente solitaria con su computador o su celular en frente, no haciendo caso a la realidad que los circunda.

Tanto ustedes como yo sabemos a lo que me refiero, y está en todos nosotros revelarnos frente a este mundo, sino queremos terminar presos de nuestras propias invenciones, o presos de la tecnología y el tan terrible multitasking.

*Este artículo fue escrito en una máquina de escribir y luego pasado a digital, se deja como un irónico ejemplo de lo que esto significa, pero al menos su manuscrito existe, tiene un lugar en el espacio.

Rodrigo Ertti.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.