Si el año 1965 Georges Perec lanzaba su libro «Las cosas» desde alguna manera vaticinando un mundo materialista, consumista y aspiracional que venía gestándose, ahora en la segunda década del siguiente siglo tenemos al filósofo Byung Chul Han con su libro sobre las «no – cosas», extrañando ese mundo donde las cosas se cuidaban, se atesoraban y se entablaba una relación con ellas y así con el mundo.
El filósofo surcoreano superventas por su forma de entender y analizar el mundo contemporáneo y sobre todo por su manera accesible y de fácil lectura (lo que no es muy peculiar en el mundo de los filósofos), nos regala este ensayo o libro que narra como el mundo actual plagado de información en la era digital, va eliminando poco a poco los objetos que por años nos acompañaron como humanidad. Para esto Chul Han toma referentes ya sea de la filosofía como de la literatura para ir mostrándonos bajo su mirada como ha ido mutando la relación entre los seres y los objetos que los rodean. Cómo del homo faber pasamos al homo ludens, abalándose de los textos de Heidegger donde habla del poderío del humano sobre las herramientas y como estas se utilizaban con las manos, eso las hacía pertenecer al mundo de las actividades, ahora en vez de las manos nos dice el filósofo manejamos todo con un simple dedo, más que una actividad física asimila a una actividad de juego. Todo está al alcance de un click, una digitación en una pantalla.
Obviamente Chul Han se para desde una mirada crítica frente al mundo digital, la era del Smartphone, la selfie, el ebook, y sobre todo el mundo de las redes sociales, que son las formas implantadas por un sistema neoliberal y de consumo, donde menciona todo pareciera tratarse de consumir la mayor cantidad de información en el menor tiempo posible, vamos saltando de estimulo en estimulo sin poder detenernos a apreciar el detalle del momento. Cabe señalar que el año anterior a este lanzamiento el autor publicó su ensayo titulado La desaparición de los rituales, temática que va por el mismo rumbo, en el sentido que nuestras vidas se van “desmaterializando” al igual que las cosas que nos rodean para estructurar nuestro mundo o los rituales que estructuran nuestro tiempo.

Ya en el prólogo el autor nos deja claro de que todo esto no es una simple evolución del ser humano ni nada que no haya sido planificado, o al menos nos deja esa intuición, al mencionar la novela La policía de la memoria de la escritora japonesa Yoko Ogawa, que trata de una isla sin nombre donde de a poco las cosas comienzan a desaparecer, ya que un gobierno totalitario se encarga de desarraigar todos los objetos que hagan recordar el pasado de sus habitantes y de castigar a aquellos que guarden recuerdos y objetos preciados.
Así comienza un viaje romántico por el mundo de las cosas y cómo se va convirtiendo a un mundo de las “no- cosas” como es según Chul Han nuestro mundo de hoy, donde ni siquiera el objeto que usamos a diario como puede ser nuestro celular es un objeto preciado ya que se va actualizando año tras año, todo pareciera ser fugaz, efímero, ya nada permanece, las fotos que antiguamente guardábamos como objetos preciados para recordar a nuestros seres queridos son cambiados por la famosa selfie, nada más fugaz, falso y sintético que una selfie, que mas que rescatar un momento habla de como queremos mostrar nuestra imagen frente a los demás, y al estar plagado de selfies como de momentos, la fotografía va perdiendo su valor artístico y a la vez estético. Acá el autor se toma de un maravilloso ejemplo de Roland Barthes, donde habla de la fotografía de su difunta madre y de como la luz capturó la silueta en ese momento de su madre y la plasmó en el papel, y que para el filósofo francés esa fotografía era su madre, o al menos parte de ella.
La mirada romántica de Byung – Chul Han termina de la mejor manera, cuando el autor nos expone sus objetos preciados, y ahí es donde se deja ver su lado más sincero y directo, cuando nos cuenta que compró una gramola (para nosotros un Wurlitzer) y que aunque tiene un botón para que funcione él prefiere introducir una moneda porque el ruido de la moneda al caer y luego todo el mecanismo de funcionamiento lo lleva a un momento mágico, ahí cuando nos relata esta máquina corpórea de metal nos recuerda que en sus primeros estudios cursó la carrera de metalurgia, por ende su pasión por lo material viene también de su primera formación académica, que finalmente no culminó y terminó en Alemania estudiando filosofía. Nos habla de su piano de cola y algunos objetos que tienen un significado para él. Hubiese agradecido que este capítulo en especial se hubiese extendido porque de verdad me fascinó.

Debo admitir que disfruté de inicio a fin este ensayo, y la razón principal es porque estoy convencido de casi todo lo que afirma, pertenezco a esa clase de personas de otra época que cree en los objetos y cómo estos nos evocan rituales, desde escribir en una antigua máquina de escribir hasta escuchar vinilos, soy un convencido al igual que Chul Han que ir perdiendo ese vínculo con algunos objetos, desde una fotografia, un disco de vinilo, un cassette, un reloj que heredaste de la familia, o cualquier cosa a la que alguna vez le tuviste cariño, nos van de alguna manera deshumanizando o al menos perdiendo la conexión con el mundo que nos rodea para conectarnos con un mundo cada vez más digital, ligado a algo inexistente o que se encuentra «en la nube».
Por último me gustaría señalar que unos de nuestros primeros artículos en indibur allá por el 2009, se dedicó a este mismo tema, el de la desmaterialización de todo, pero en ese caso lo tomamos de una manera más positiva en cuanto a la protección del medio ambiente, porque claramente hay una escala de grises en todo a lo que respecta la desmaterizalición de las cosas, pero en este libro el autor lo pone claramente un claroscuro. Por ejemplo en la música aunque soy un coleccionista de vinilos no puedo negar que ahora la música llega a más gente, el tema según yo y creo que es lo único que le faltó tocar a Chul Han es el tema de la calidad, porque una cosa es el tema romántico de los objetos y otra es comparar en términos de calidad, pero entiendo que el autor no quiso meterse en ese tema porque habría salido algo más extenso y más técnico de alguna manera, quizá menos filosófico y más de diseño o ingeniería.
No cosas, quiebras del mundo de hoy es un libro totalmente recomendable, yo lo leí en 3 días y eso que soy de lectura lenta, sobre todo para el que quiera meterse en el mundo de este autor, que cuenta con muchos títulos interesantes como La sociedad del cansancio, La desaparición de los rituales o Vida contemplativa, entre muchos otros.
1 comentario