Libros: Silencios elocuentes / Carlos Martí Arís.

Silencios elocuentesSilencios elocuentes es el título de esta obra pero aún más interesante es el subtitulo: Borges, Mies van der Rohe, Ozu, Rothko y Oteiza. Este quinteto de artistas e intelectuales del siglo XX son para el arquitecto catalán Carlos Martí Arís, claros ejemplos de la búsqueda del “silencio” en el mundo del Arte. Personajes pertenecientes a diferentes disciplinas artísticas y provenientes de muy diversas culturas.

Un ensayo escrito en una prosa prolija, de lectura veloz y de fácil acercamiento para el lector, incluso si no se conoce a ninguno de los artistas mencionados en el libro. Generalmente los ensayos no tienen todas estas cualidades, pero cuando las tienen se convierten en grandes lecturas que quedan para toda la vida.

Desde el primer capítulo nos percatamos sobre que tratará el libro, con el título Borges en su laberinto. Ninguno mejor que Borges para iniciar un libro y nos recuerda un inicio muy similar del libro que mostramos hace algunas semanas en el taller del autor italiano Paolo Zellini que también inicia su Breve Historia del infinito con una citación a Borges.

El concepto central de este capítulo es el de jerarquizar la idea de Borges, como la de un autor que intenta dejar atrás el “Yo” (self en inglés), para ir en búsqueda de la precisión máxima en la literatura, de lo conciso y con este gesto dejar de lado aquello que habla su generación, su tiempo. Siendo este concepto el causante en ocasiones que se vea su prosa un tanto fría y distante de las emociones, pero que no es más que la búsqueda de un silencio del espíritu para separarse del individualismo del autor.

“Borges invoca con insistencia la idea que la máxima aspiración del arte sea la superación de los aspectos meramente individuales y que el artista está invitado a ir en búsqueda de una dimensión expresiva de carácter supra personal”.

Hacia el final del capítulo retoma a otro autor cercano al pensamiento de Borges, en cuanto respecta a su concepción de percibir el arte, hablamos del francés Paul Valéry.

“Proponer a los hombres la lucidez en una era básicamente romántica” esto es para el autor del Aleph la misión que se impuso Valéry. Y al pronunciar esta frase Borges pareciera adoptarla como propio motor de su obra.

Luego Martí da una introducción al periodo de vanguardias, para arribar al capítulo dedicado al arquitecto alemán y clave del modernismo, Ludwig Mies van Der Rohe, en su capítulo llamado: La claridad como objetivo.

La importancia que Mies da a los materiales y sobre todo la relación que tiene su arquitectura con el mundo clásico, al punto de llegar a la perfección de la proporción, todo en la medida perfecta, y sobre todo el alcanzar el nivel de contemplación que sus edificaciones nos regalan.

“Ozu o las huellas de lo ausente” es el nombre del siguiente capítulo, aquí el ensayista  hace un homenaje a la obra del director de cine japonés Yasuhiro Ozu  y nos entrega la llave para entender su obra, una obra cargada de símbolos, conceptos y sobre todo de silencio. Que van conformando más que escenas o encuadres completos, paisajes de lo que no se nos viene mostrado, aquello que fue sustraído por el director, como si fuéramos buscando las huellas de la ausencia que nos va dejaron Ozu en sus films.

A través de los planos vacíos, Ozu crea entre el espectador y la obra un vínculo libre de la dramaturgia, un elemento neutro en apariencia capaz de provocar simultáneamente infinito y distancia. Con este proceso elíptico se evocan situaciones o aspectos que no se muestran explícitamente, sino que se recalca la importancia de aquello que no viene dicho, de lo ausente.

Martí parangona la obra de Ozu con los cuadros del pintor boloñés Giorgio Morandi, que “pasó la vida entera trabajando con platos, vasos y botellas”, y continua hablando de otro pintor, muy lejano por cierto a Morandi, el pintor norteamericano Mark Rothko.

Rothko y su obra abstracta que en algún sentido se puede asimilar a la obra de los artistas antes mencionados y su intensa búsqueda por el silencio en toda su obra.

“Rothko concibe la pintura como el arte de las ideas, por este motivo espera que el eco de estas ideas llegue en modo nítido al espectador”.

8c286b8b3ce8a29add13b8b30ff22021--art-d-art-sculptures  Escultura de Oteiza.

El último de los cinco es el escultor vasco Jorge de Oteiza, en su arte se aprecia claramente el silencio, estudiado y modelado como un “vacío espacial”, sin duda una escultura que trabaja con la sustracción, la reflexión, dejando ver a los ojos del espectador un “silencio elocuente”.

Excelente ensayo recomendado a todo lector que busque ideas frescas, originales y también a artistas que encuentran el tema del silencio, una fuente de inspiración para su trabajo. Mostramos este ensayo como claro ejemplo de lo que siempre hemos buscado en el taller indibur, el hecho de que los artistas “indiguen” entre diferentes disciplinas, para ir perdiendo el ego y el individualismo en el mundo del arte y que esto algún día se vea reflejado en nuestra sociedade, tan encerrada o ensimismada en el individualismo del siglo XXI.

Indibur.

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