¿Quién fue realmente Jorge Luis Borges ? / Rodrigo Ertti

¿Quién fue realmente Jorge Luis Borges ?

El pasado 24 de agosto se cumplieron 118 años del natalicio de uno de los escritores más citados de los últimos tiempos, más influyentes para el mundo de la literatura y también uno de los más misteriosos. Se murió sin que le dieran nunca el premio Nobel, no publicó novelas ni ninguna obra maestra de 1000 páginas (como Proust, Joyce o Tolstoi) no fue un súper éxito de ventas (en vida), pero pese a eso se le considera uno de los más grandes autores de la literatura del siglo XX.

Italo Calvino en los últimos capítulos de su libro Por qué leer a los clásicos, habla sobre Borges, nada particular si lo analizamos ahora en el 2017, pero si consideramos que Calvino murió un año antes que Borges, sacamos la conclusión que ya lo consideraba un clásico en vida, un fenómeno que se da pocas veces en la literatura y se dio precisamente con el autor argentino.

En las siguientes líneas no pretendo hacer una biografía del autor, porque como él mismo dijo alguna vez, los autores son mucho más que un nombre junto a unas fechas (Borges 1899-1986) o más que “una palabra en un índice” (verso de A un poeta menor de la antología). Lo que sí me interesa analizar es la razón de su consagración literaria, las razones de por qué influyó en tantos autores contemporáneos, nombres como Horhan Pamuk, Paul Auster, Roberto Bolaño o Ricardo Piglia y la lista de autores aumenta con el pasar del tiempo, dando reflejo de una literatura inagotable y que soporta estoicamente el pasar de los años.

Sin ir más lejos estos días estoy leyendo un libro llamado Borges e gli scrittori italiani (Roberto Paoli) donde se hace referencia a la peculiaridad que ya no es la literatura de un país o una generación la que influencia un número importante de escritores, sino que es un solo autor. Entre los escritores analizados (basado en la influencia Borgiana) se encuentran Italo Calvino, Umberto Eco, Leonardo Sciascia y Antonio Tabucchi. Un fenómeno que se puede parangonar -según el libro- con la influencia que tuvo otro sudamericano que influenció en los poetas italianos de la primera mitad del Novecento, el chileno Pablo Neruda.

Y aquí el enlace hacia la gran “injusticia” considerada por muchos, la de no haberle concedido el premio Nobel al argentino. Algunos rumores dicen que el mismo año en que se lo dieron a Neruda (1971) su rival directo era Borges, otros dicen que Neruda influyó para que no se lo dieran por razones políticas, mientras otra de las hipótesis era la supuesta enemistad que tenía Artur Lundkvist hacia Borges, un miembro importante de la Academia Sueca, poeta y escritor especializado en literatura en letras castellanas, o que la culpable sería la dictadura chilena al haberle concedido un premio al escritor, premio que este lo recibió personalmente.

La verdad es que son sólo rumores y además bastante bajos, ya que todo lo referente al premio sueco es secreto y los detalles de la elección son sólo revelados 50 años después de ser otorgado.

Mejor es quedarse con estas palabras de Neruda refiriéndose a uno de los más grandes de nuestra literatura: “Todos los que hablan español están muy orgullosos de que Borges exista y los latinoamericanos en particular porque antes de Borges teníamos muy pocos escritores comparables con los autores europeos”. Creo que es mejor quedarse con estas palabras del premio Nobel que escarbar en rencillas literarias de medio siglo. Además fueron tantos los homenajes, premios, honoris causa y diversas celebraciones que recibió alrededor del mundo J.L. Borges, que pareciera que el único premio que no ganó en la Tierra fue el Nobel. Pero dejando de lado todo lo referente a la polémica, mucho más interesante es adentrarnos en su obra, la razón de por qué su literatura pareciera ser inagotable, eterna, circular y atemporal.

“Leer a Borges es leer la literatura universal”, esta afirmación que pareciera cliché de tantas veces que se ha pronunciado, es tan real, como lo era el Aleph. Resulta que Borges puede que no sea tan gran buen escritor, si lo comparamos con el gran lector que fue, sin menospreciar su capacidad de escritor, sino que es una manera de decir que posiblemente estemos frente al lector universal. Borges siempre dijo que se jactaba más de los libros que había leído que de los que había escrito. Esto no nos habla de su supuesta humildad -que en parte la tenía- sino que nos muestra su tendencia o respeto hacia la lectura frente la escritura.

Sus gustos literarios se pueden apreciar tanto en su poesía como en sus ensayos o inquisiciones literarias. Analizando sus ensayos, nos percatamos que generalmente inician con un rotundo enunciado y luego su pluma se desliza por un río infinito de nombres, títulos, citas y referencias. Detrás de esa marea de información -hablando siempre de sus ensayos- en ocasiones nos podemos encontrar con que no existe un escritor, sino que es un expositor de ideas, que posee un cerebro ordenador y codificador, dotado de una prosa y un lenguaje sublime, capaz de reordenar esos códigos y mostramos una serie de reflexiones literarias, filosóficas o éticas de un modo tan original y fresco, que pareciera sacar a todos los autores muertos de sus tumbas para convertirlos en más vivos de lo que estaban antes. Reflexiones que por lo general las han promulgado grandes personajes de la literatura o de la Historia, como Schopenhauer, Dante, Virgilio, Pascal, Cervantes, San Agustín o incluso Jesús. Citas que parecieran ser tan sólidas para Borges como lo son hoy en día para un escritor del siglo XXI que cita a Borges y con esto diera por aludido toda su mochila de referentes. “Si lo dijo Borges, pues tiene que ser verdad”, esa pareciera ser la consigna de tantos autores.

Donde Borges despliega todo su poder imaginativo, intelectual e innovador es en sus cuentos. Corría el año 1938 y Borges hasta ese entonces poeta, literato e intelectual director o integrante de un sin número de revistas literarias, sufre un accidente hogareño. Se golpeó la cabeza subiendo una escalera en la penumbra, con una ventana que se encontraba abierta (esta historia la ocupa en el cuento El sur), lo que le provocó una fuerte herida que luego se agravaría a una septicemia, pasando días entre la vida y la muerte. En esos días sufrió fiebre alta y alucinaciones, un verdadero infierno en vida, lo describiría donde incluso temió por la idea de nunca más poder escribir o leer.

Duchamp-Nude-Descending-a-Staircase-N.2-1912-Philadelphi11

Poco después, en el periodo de su recuperación, comenzaría a escribir cuentos fantásticos, que serían los que le darían fama y luego la consagración como escritor, sobre todo los libros de recopilaciones de cuentos Ficciones y El Aleph. Maria Kodama muchos años más tarde contaría que Borges le confesó un día, que tenía miedo a comenzar a escribir poesía y su cerebro no fuera capaz de generarla de buena forma debido a alguna lesión cerebral, en cambio si no le resultaban los cuentos, su decepción no sería la misma, por eso se propuso escribir cuentos fantásticos. La primera incursión en cuentos la había tenido con su libro Historia universal de la infamia, pero nunca antes del accidente había escrito relatos fantásticos.

Quien sabe si aquel golpe en la cabeza provocó una abertura hacia un mundo hasta entonces desconocido para su mente, quien sabe si le debemos uno de los mejores escritores del siglo XX a una ventana abierta en una escalera mal iluminada. Que cosa más poética “una ventana abierta en una escalera que asciende”, algo sin duda muy borgiano. Me es Imposible evitar el recuerdo de Duchamp y su Desnudo bajando una escalera, que como la historia cuenta, en un inicio el pintor la pensó como un hombre ascendiendo la escalera.

Visualizo el cuadro de Duchamp y recuerdo el accidente sufrido por Borges e imagino la reverberación de aquel frágil hombre, la metamorfosis de un poeta a un narrador, o la transformación desde pasar a ser un simple hombre a pasar a ser muchos hombres, una mente infinitamente amplia sin límites de ningún tipo. Conjetura tal vez algo exagerada pero sin duda no del tanto irreal, debido a que su obra es tan prolífica que pareciera haber sido redactada por muchas mentes y no de la de un solo hombre.

Buscando entre las respuestas a la razón de su éxito nos podemos encontrar con muchas de diversa índole, yo me quedaré obviamente con las más borgianas. La primera es su capacidad de hacerse no con un símbolo sino que con varios. Borges alguna vez comentó que el problema de Quevedo era que no tenía un símbolo con el cual apoderarse de la imaginación de la gente, o en otras palabras algún símbolo con que lo asociaran.

Homero tiene a Príamo, Sófocles tiene un rey que descifra enigmas y a quien los hados harán descifrar el horror de su propio destino; Lucrecio tiene el infinito abismal estelar y las discordias de los átomos: Dante, los nueve círculos infernales y la Rosa paradisíaca[] Cervantes, el afortunado vaivén de Sancho y de Quijote …” (De inquisiciones / otras inquisiciones página 197). Según Borges esa era una de las principales razones por la cual la historia no lo trataba como en verdad lo debería tratar, la otra era por no haber sido un romántico o un “sensiblero”. Tal vez Borges se veía reflejado en el español y consciente de no poseer una obra maestra o un símbolo capaz de perdurar en la memoria de sus lectores, y sobre todo por no ser un autor “sensiblero” o apasionado, se decidió construir una verdadera biblioteca de símbolos. El laberinto, la inmortalidad, la ceguera, el tiempo, el espejo, son algunos de esos símbolos pertenecientes a la eterna y laberíntica biblioteca de J.L. Borges que nos lleva hacia un centro desconocido o que nos expande hacia los autores que Borges quiere que leamos (y en su medida lo logra).

La segunda es su capacidad de convertirse en un maestro de literatura. Leer a Borges nos hace sentir más inteligentes, ya que es como asistir a una clase condensada de muchas horas de aprendizaje, o a la vez nos puede hacer sentir más estúpidos y conscientes de nuestra incapacidad de alguna vez siquiera llegarle a los talones. Pero sin duda Borges pareciera ser un codificador de toda la Literatura universal, alguien capaz de sintetizarla, engullirla para luego rediseñarla.

Para finalizar, dejamos de lado al genio del siglo XX y ahondemos en su persona, una persona que no se autodefinía como el que se encontraba en las enciclopedias ni los diccionarios, sino que una persona que le gustaba caminar por Buenos Aires, sentir el aroma del café, que disfrutaba de la lengua germánica, de la literatura de Kipling, Browning, Virgilio y tantos otros. Una persona que cumplió el sueño frustrado de su padre, ser escritor, una persona que confesó no haber sido feliz y que le hubiese gustado haberlo sido para darle dicha a su madre, una persona que fue muchas veces odiada por decir lo que pensaba, en tiempos donde decir su opinión o aceptar el premio de un dictador (1976 a manos de Pinochet) era declararle la guerra a muchos, o al menos era debilitar sus posibilidades de obtener el premio más prestigioso del mundo de las letras.

Un hombre que dio su vida a leer, aprender y a dejar un grueso legado literario y a cambio obtuvo pocas cosas, si sacamos sus últimos años en los que recorrió el mundo junto a su amada María Kodama gozando de su fama, queda oscuridad, desprecio y deshonra. O por lo menos ínfimas cosas, comparadas con la gran herencia que él les dejó a tantos autores del futuro.

¿quién eres Borges?

ruina circular

biblioteca infinita

laberinto ciego

una rosa que vuela por los tiempos

espejo de un universo irreflejable

Una diminuta esfera donde se esconden todas las imágenes

todos los tiempos.

No se quién eres, pero al menos se quien me lo puede decir… Tu poesía.

Rodrigo Ertti.

jorge-luis-borges

 

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